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  • La interna patriótica nacional
  • El General Güemes —pobre— tiene ya su feriado nacional; pero su canal de Instagram tiene bastante menos seguidores que el de Tim Payne, o incluso el de Vozinha, el sorprendente arquero de Cabo Verde.
Manuel Belgrano - Martín Miguel de Güemes
Manuel Belgrano - Martín Miguel de Güemes

En su incontenible soberbia, los habitantes de la gran urbe ignoran (o desprecian) al general gaucho. Los más léidos, que lo consideran una minor celebrity, lo ubican en un escalón patriótico inferior al que ocupan Belgrano, nativo de la capital, o San Martín, oriundo de Yapeyú, pero hoy considerado el «segundo Padre de la Patria», después de ese rosarino bajito y tímido que nos ha llevado a la cima del mundo.



Pero los salteños somos vengativos y rencorosos. Al más mínimo desaire que le hagan a Güemes, respondemos no solo blandiendo el rebenque, sino alterando el calendario, si hiciera falta.

Por eso es que —dando por descontado que los pampeanos iban a desgüemizar el feriado del 15 de junio— nosotros nos anticipamos y le dedicamos al 25 de Mayo nuestros peores gestos, vaciando la celebración de la Fiesta Nacional de altas autoridades y despojándola de solemnidades que solo reservamos para nuestro redentor pagano.

Hasta el Señor del Milagro se ha quedado pequeño frente al arrollador empuje del héroe gaucho, cuya liturgia —prolijamente descompuesta en fases que van desde el llanto del duelo al éxtasis de la resurrección— no tiene nada que envidiar a la que preside el culto al hijo del humilde carpintero de Nazaret, crucificado hace algo más de dos mil años.

Y si nuestro Santo Patrono es hoy un actor de reparto en nuestro peculiar teatro de vanidades, ¿qué pensar de esos segundones llamados Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Mariano Moreno, Juan José Paso o Domingo Matheu, que, salvo alguna excepción, eran todos bolivianos o españoles?

Güemes tiene no solo su Semana Santa sino también su Corpus Christi gauchesco. Sus epígonos reverencian las llagas del prócer y beben la sangre de su amoroso costado en Las Higuerillas, desde hace 71 años según se ha podido saber. Ningún otro «héroe nacional» disfruta de una coreografía parecida ni tiene un santuario en medio del monte. Los porteños no lo saben (ni se imaginan) y por eso idolatran a próceres pedestres y urbanos, como Belgrano, y piensan —sin ningún tipo de respaldo histórico— que la jabonería de Vieytes fue más importante que la empanadería de Juana Manuela, donde se conspiraba más y mejor.

Como diría Sáenz, «vengan a conocer el Norte profundo de la patria» y se van a enterar de lo que vale un peine. Porque aunque aquí escasee el gas, las rutas estén hechas un asco, el Arenales lleve un torrente de salmonella, tengamos que regar de vez en cuando a las «comunidades» como si fuesen plantas y nos sobrevuele el dengue todos los veranos, tenemos héroes y héroas para dar y tomar, durante casi todo el año, y apologetas de los mismos en cantidades sorprendentes.

Que este 17 de Junio, y todos los que vengan hasta el final de los tiempos, sean —para disgusto de los malvados porteños— mucho más patrióticos y emotivos que los (ya apeados de la historia) 25 de Mayo.



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