- Panorama semanal
- En las últimas semanas, el gobierno ha mostrado un movimiento significativo en su estructura de poder, particularmente con la salida de Manuel Adorni y la incorporación de Diego Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete. No se trata simplemente de un recambio administrativo. Lo que se observa es un cambio de etapa política dentro del propio oficialismo, que comienza a abandonar ciertos rasgos iniciales de improvisación para entrar en una fase de mayor profesionalización y articulación con actores tradicionales del sistema político.
Javier Milei ha dado señales de que su estrategia está mutando. Tras un período de fuerte centralización, aislamiento relativo y confrontación discursiva, aparece ahora una lógica más pragmática: la necesidad de ampliar la base de sustentación política del gobierno, incorporando figuras provenientes de lo que él mismo denominó en el pasado como “la casta”. Esa tensión conceptual no es menor, porque marca el pasaje desde un discurso fundacional de ruptura hacia una práctica de construcción de poder más convencional. En ese contexto, la llegada de Santilli no es un dato aislado. Representa la decisión de apoyarse en dirigentes con experiencia de gestión y vínculos territoriales, capaces de operar en un escenario político y legislativo fragmentado.