- Panorama semanal
- “Ajústense los cinturones”, pidió Javier Milei esta semana hablando para una audiencia empresaria. Es la consigna que transmiten los comandantes aéreos cuando prevén turbulencias y ataques de vértigo. Milei promete acelerar su agenda de reformas, para lo que se siente ratificado por la elección de octubre. Él se siente firme y seguro, aunque escasean las reservas y hay muy cerca fuertes deudas a afrontar.
El anuncio de un amplio acuerdo comercial con Estados Unidos (que divulgó en primer lugar la Casa Blanca) atornilla más firmemente el soporte que la Casa Rosada ha encontrado en Washington. Sumado al claro respaldo ideológico y material que la administración Trump le ha ofrecido, ese convenio, cuyas cláusulas no son públicas todavía (y en muchos casos no están escritas siquiera), insinúa una trascendencia mayor que su dimensión estrictamente comercial: allana el paisaje de obstáculos y alienta una corriente de inversión, que en primera instancia se notaría en campos donde el país cuenta con recursos naturales abundantes y con notables ventajas comparativas y, a un plazo más extendido, parece inscribirse en un gran programa de integración económica que Trump ya ensaya en América del Norte redefiniendo lo que fue el NAFTA (ahora T-MEC, “Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá”) con rasgos generales similares a los que se han anunciado para el acuerdo con Argentina, y hasta con la atrevida sugerencia de que Canadá se convierta en un estado más de los Estados Unidos.