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  • Panorama semanal
  • La jornada de ayer fue de mucho ajetreo para las fuerzas políticas, a las que, a medianoche, se les vencía el plazo para oficializar las listas de candidatos que presentarán en las elecciones del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires.
Axel Kicillof, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires
Axel Kicillof, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires

En esa fecha, los bonaerenses elegirán senadores y diputados provinciales de las ocho secciones del distrito, así como concejales en sus municipios y consejeros escolares.



¿Los nombres no importan?

Recién hoy se difundirán las nóminas legalizadas, pero algunas incógnitas principales del comicio ya parecen despejadas. El oficialismo nacional ha terminado de absorber al macrismo, que competirá con la divisa violeta bajo el nombre de Frente La Libertad Avanza. Cristian Ritondo, Diego Santilli y Guillermo Montenegro, los representantes de Mauricio Macri para la negociación con el mileísmo bonaerense, participaron en esas conversaciones más predispuestos a la resignación que al regateo, convencidos de que Karina Milei y sus equipos rechazarían la mayoría de las demandas provenientes de las estructuras municipales del PRO, como ya habían rechazado incluir el nombre del partido amarillo en la cartelera electoral. Los negociadores macristas consintieron el cambio de casaca; para ellos, la prioridad reside en estar en el bando que prevén vencedor o, en los términos que prefieren, en derrotar al kirchnerismo.

Entre los detalles que se aclararán tras el trámite de anoche está confirmar cuántos liderazgos territoriales del PRO decidieron mantenerse fuera de la boleta violeta y, eventualmente, qué alternativas prefirieron. Se anticipaba que algunos optarían por la “boleta corta” (solo para cargos municipales) y otros se inclinarían por asociarse a alguna alternativa provincial diferente.

Lo que el violetismo enfrentará en septiembre en la provincia, solo con bastantes prevenciones puede definirse como kirchnerismo. En rigor, se trata de una combinación sui géneris en la que conviven fieles de Cristina Kirchner con seguidores del gobernador Kicillof, quien lidera una escisión contenida del kirchnerismo y ha desafiado, sin modales irrespetuosos (lo cortés no quita lo valiente), a quien fuera su jefa y también a su “orga”, La Cámpora. Junto a ellos, el Frente Renovador, liderado por Sergio Massa (exkirchnerista, exantikirchnerista, exministro de Alberto Fernández), y un abigarrado mosaico que incluye de todo, como en botica: desde comunistas hasta excomunistas, pasando por radicales, exradicales y algunos paleoperonistas.


Desempeños anteriores

Con las variaciones y permutaciones ocurridas en los meses que separan la próxima elección provincial (7 de septiembre) de la anterior (13 de agosto de 2023), es decir, la asunción presidencial de Javier Milei y el eclipse de los liderazgos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, podría decirse que los bloques que se enfrentaron hace dos años volverán a chocar dentro de dos meses, pero modificados.

Lo que entonces se llamó Unión por la Patria (hoy, Fuerza Patria) obtuvo en agosto de 2023 casi el 47 por ciento de los sufragios (46,94 %), lo que le alcanzó para ganar la elección, porque los partidos que hoy corren unidos bajo el pabellón violeta hace dos años marcharon separados y obtuvieron: 26,61 por ciento el PRO (en la alianza Juntos por el Cambio) y 24,57 por ciento La Libertad Avanza. Sumados, congregaron un 51,28 por ciento de los votos.

Esos porcentajes establecen una vara alta para ambas corrientes que, en cierto sentido, no solo compiten entre ellas, sino también consigo mismas. El antecedente insufla optimismo en el oficialismo nacional, que las encuestas parecen confirmar. Sin embargo, en política, dos más dos no siempre son cuatro: el matrimonio con el PRO no asegura a priori que este violetismo engrosado pueda en septiembre retener aquel 51 por ciento.

La unidad, pegada con saliva bajo el techo de Fuerza Patria, tampoco garantiza que ese bloque consiga el 47 por ciento de 2023. Además, como los porcentajes se proyectan sobre votos positivos, no se notará de inmediato si en estos dos años conquistaron o perdieron votos efectivos. Los analistas suponen que en septiembre se registrará nuevamente una fuerte tendencia al ausentismo, como ocurrió en los primeros comicios de este año.


La línea media

Además, seguramente habrá que considerar otras presencias en el comicio. Por un lado, fuerzas locales, propias de ciertas secciones electorales o municipios, que pueden presentar alternativas circunscritas que afecten el caudal de alguno de los bloques mayores (o de ambos). Merece mención aparte el emprendimiento electoral unitario que, corriendo por el centro del espectro, pretende ofrecer a los votantes una alternativa independiente del mileísmo y del kirchnerismo. Constituida por el radicalismo provincial, el GEN de Margarita Stolbizer y líderes territoriales que se apartaron del macrismo, del oficialismo nacional y del justicialismo, la agrupación Somos Buenos Aires puede terciar, aunque sea discretamente, en el paisaje del comicio, competir por una cuota del electorado y, de lograr un éxito módico, constituirse en árbitro en la Legislatura bonaerense. Para ello, primero deben ordenar los equilibrios internos: se trata de una coalición de caciques y la falta de un líder principal perjudica incluso las mejores intenciones.

Más allá de su indudable importancia intrínseca, la elección bonaerense de septiembre difícilmente consiga imponer una agenda provincial, como alegó con empeño el gobernador Kicillof para justificar el desdoblamiento de fechas respecto al comicio nacional. El debate sobre la economía, la producción, el desempleo, los ingresos y las jubilaciones impondrá su ritmo. En todo caso, las cuestiones estrictamente provinciales (o municipales) se desplegarán en terrenos locales, en medios periodísticos de esa escala, siempre compitiendo con la agenda nacional que prevalece en los grandes medios.

Hay una tendencia (conservadora) a definir fenómenos nuevos, como el crecimiento de las problemáticas locales, en términos y categorías heredados.


La brecha que se desvanece

Probablemente a esa rutina se deba que tantos encuestadores y analistas observen el paisaje político como un enfrentamiento entre el mileísmo y el kirchnerismo. Si se analiza con detenimiento, el kirchnerismo, como alternativa política, es una tendencia en retirada, que se concentra en algunos puntos del conurbano bonaerense (donde, además, sufre desprendimientos notables), carece de peso en el interior y nunca pudo enraizarse en la Capital.

El competidor potencial del mileísmo —y también su principal cooperador potencial— se hizo presente hace una semana: la convergencia de los gobernadores de provincia, que no sustentan esa confluencia en pertenencias partidarias o ideológicas, sino en el hecho de que tienen responsabilidades sobre sus territorios y ante sus pueblos. Al igual que Milei, ellos gobiernan. Para competir o cooperar, se requiere cierta simetría. Entre los gobernadores y el presidente hay un piso fáctico común: necesitan —y en la mayoría de los casos aplican— el equilibrio fiscal. Milei encarna una mirada centralista de las virtudes fiscales; los gobernadores, obviamente, tienen una perspectiva federal del mismo tema. Como lo resumió el gobernador tucumano, Osvaldo Jaldo: “A la Nación le tiene que ir bien, pero con las provincias adentro”.

Hace más de un año escribíamos en este espacio: “Es probable que el ritmo al que se mueven los acontecimientos en el país termine empujando a sus gobernadores a una dinámica conectiva aún más intensa que la mera participación en el grupo de WhatsApp donde los mandatarios provinciales intercambian puntos de vista.

De hecho, en las condiciones que impone la presencia de Milei en el poder central, la fuerza gravitatoria federalista influye incluso en la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof empieza a desplegar un relacionamiento con colegas (como el santafesino y radical Pullaro o el chubutense y ‘macrista’ Ignacio Torres). El signo federal opera como denominador común y le ofrece al bonaerense, si se anima, una ventana para airear la atmósfera K que lo ha rodeado y tiende a sofocarlo. Del mismo modo, puede airearse el paisaje nacional en conjunto a partir del punto de inflexión que se experimenta”.

El reclamo de recuperar recursos propios (los porcentajes de ATN y del impuesto a los combustibles, que los gobernadores impulsaron en el Senado) es una manifestación de federalismo: “Le pedimos a la Nación que tenga superávit, pero no con nuestros recursos”, tradujo el gobernador Jaldo. Milei conoce el lema: “Con la nuestra, no”.

La dialéctica mileísmo versus kirchnerismo facilita un esquema repetitivo para el análisis rutinario, pero se asemeja al cuento del que perdió su llave a mitad de cuadra (donde está oscuro) y la busca en la esquina porque allí hay un foco de luz: aunque allí está iluminado, lo que se quiere encontrar está en otro lado.

Para realizar una contabilidad significativa en las elecciones de septiembre, habría que comparar la suma de los votos del oficialismo nacional con la suma de los diversos oficialismos locales. Ese balance puede resultar más interesante que la vieja rutina. Orientará sobre la reconfiguración del sistema político.

Hablará de septiembre y también de 2027, porque esta es una competencia que no acaba este año.



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