Ya se ha señalado ampliamente (y se había anticipado en esta página) que el fenómeno dominante en esa elección fue el ausentismo. Puede argumentarse que la novedad de realizar una elección municipal separada en el distrito, por primera vez el domingo 18 de mayo, influyó en el desinterés ciudadano. Sin embargo, este factor no explica por sí solo la magnitud del fenómeno.
Intermitencias
Si el duelo porteño entre libertarios y macristas fue intenso, con ambos disputándose el liderazgo del voto antiperonista, en la provincia de Buenos Aires, gobernada por Axel Kicillof, estos contendientes se preparan para colaborar. Bajo el estandarte violeta en octubre y con colores ad hoc en cada una de las ocho elecciones seccionales de septiembre, donde se define la elección estrictamente provincial.Tras el revés en la Capital, el PRO no tardó en alinearse con las condiciones impuestas por la Casa Rosada. Decidió pasar por alto ofensas pasadas y recientes, e incluso ignoró el despectivo gesto de Milei al rechazar el saludo del intendente Jorge Macri durante el Tedeum en la Catedral. Hay una clara voluntad de respaldar al Presidente, ya sea por un caso de “metempsicosis” —transmigración espiritual— o de “republicanismo intermitente”, según la ingeniosa expresión del presidente de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro.
El peso de la miniatura
Así, la elección municipal porteña abre la puerta a una consolidación de la oferta liberal liderada por Milei, con La Libertad Avanza en el centro, el macrismo en órbita y algunas fuerzas localistas de origen provincialista, peronista o radical. ¿Es esta una alianza destinada a reemplazar a los movimientos históricos? Por ahora, es solo un esbozo de reagrupamiento, un conglomerado sin raíces comunes, sin el fervor de una gesta nueva y, en muchos casos, sin intención de compartir un mismo proyecto más allá de un trecho.Lo que sí existe es el reconocimiento de que Milei ha implementado un programa simple que, hasta ahora, ha funcionado y mantiene un respaldo suficiente de la opinión pública: moderar la inflación y reducir el déficit fiscal a cualquier costo. Aunque no logró una presencia sólida en el Congreso ni en los territorios, ha gobernado con la colaboración o el disciplinamiento de las Cámaras y las provincias, ha debilitado la competencia de Macri y ha demostrado capacidad de castigo político.
No es mucho, pero basta para mantener la iniciativa. Las fuerzas de la oposición, convencionalmente llamadas así, están dispersas o, en el caso del peronismo —el fragmento más numeroso—, atrapadas en su propia parálisis. Este no logra liberarse de la hegemonía kirchnerista, que garantiza su fragmentación, aislamiento e impotencia estratégica. En la provincia de Buenos Aires, donde Kicillof intenta, con cierto éxito, distanciarse de la matriz kirchnerista de la que emergió, el peso de La Cámpora frena sus intentos de autonomía y probablemente facilite una victoria del mileísmo en la mayoría de las secciones electorales. El kirchnerismo, históricamente, ha perdido la mayoría de las elecciones de medio término en la provincia.
Una oposición fragmentada
Una oposición dispersa y fragmentada facilita la acción del mileísmo en un sistema corroído por la decepción y la apatía social. Que casi la mitad de los votantes no acuda a las urnas, como ocurrió en los comicios de este año, es una vulnerabilidad sistémica que afecta al gobierno, aunque no sea una crítica dirigida exclusivamente a él, sino al conjunto del sistema que encabeza.Sin embargo, el ausentismo, aunque significativo, no es una respuesta organizada ni representa una alternativa. Es apenas otra manifestación de la dispersión y atomización predominantes: un silencio que está solo y espera. No solo espera que los precios se estabilicen, que los salarios recuperen poder adquisitivo y que la producción y el empleo crezcan, sino también que Milei aborde las fragilidades del sistema político institucional y evite agresiones que dañan la convivencia y la gobernabilidad.
La elección de medio término se presenta como una oportunidad para que el gobierno gane fuerza en áreas donde el segundo puesto de Milei en 2023 y la falta de una estructura política propia lo limitaron. Hoy puede mostrar logros, cuenta con meses de experiencia, presume de su relación con Donald Trump y se beneficia de la fragmentación opositora.
No obstante, una victoria como la que la Casa Rosada ahora anticipa podría alimentar una tentación hegemónica, similar a la que afectó al kirchnerismo en 2011, cuando Cristina Kirchner obtuvo el 54 por ciento de los votos frente al 18 por ciento de Hermes Binner. Poco después, el gobierno K se propuso “ir por todo”. El resultado fue el triunfo de Mauricio Macri en 2015.