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  • Panorama semanal
  • El último viernes, Javier Milei habló en la Bolsa de Comercio de Rosario. Desde hacía al menos 24 horas, su gobierno estaba golpeado por lo que –cualquiera sea el resultado final de las investigaciones en curso– se presenta como un escándalo que afecta al centro del dispositivo libertario, también por sucesivas derrotas en ambas cámaras del Poder Legislativo y por varias semanas de inquietantes desajustes en el plano económico.
Karina y Javier Milei
Karina y Javier Milei

Según el cronista del diario La Nación que asistió a la presentación en Rosario, “Milei, junto a su hermana Karina, que estaba en el auditorio, esquivó referirse a aquel tema caliente que alteró el humor de la gestión (…) intentó dar una clase de economía a un auditorio que esperaba, según indicaron varias fuentes, apreciaciones del Presidente sobre las últimas turbulencias de la economía. En vez de desplegar un discurso sobre la política económica, Milei prefirió dar una clase magistral, que generó cierto fastidio en varios dirigentes empresarios. Algunos, incluso, interpretaban por lo bajo que parecía una provocación”. Evidentemente, agosto no está resultando un buen mes para el gobierno.



La debida obediencia

Frente a ambos auditorios que, simbólicamente, encarnan a “los mercados”, Javier Milei estaba interesado en reafirmar que nada, ni el humor de la opinión pública ni su débil representación legislativa, lo hará modificar su obsesión casi monotemática sobre el equilibrio fiscal.

Aunque ha prometido no emplear más insultos en sus intervenciones públicas (y lo está cumpliendo: un desmentido flagrante a quienes atribuían esos excesos verbales a su espontaneidad o su carácter), no se privó, en el Alvear, de poner énfasis en sus afirmaciones cuestionando a los “degenerados fiscales” del Congreso, ni a los “canallas” del kirchnerismo que, según él, han colonizado el Poder Legislativo.

Sin embargo, el bloque de Unión por la Patria cuenta, en el mejor de los casos, con 97 miembros y la Cámara revocó su veto sobre emergencia en discapacidad con 172 votos, casi el doble de aquella cifra. Entre los que rechazaron el veto presidencial estuvieron antiguos aliados o cooperadores del gobierno, miembros del PRO, que el oficialismo acaba de “colonizar”, que decidieron votar según sus propias convicciones y hasta varios diputados de La Libertad Avanza, que aprovecharon la ocasión para divorciarse del bloque oficialista y formar una bancada distinta bajo el nombre de “Coherencia”.

El gobierno está cansado de sufrir divergencias intestinas (ha perdido gran cantidad de deputados y senadores, para no hablar de funcionarios) y ha conformado listas en casi todas las provincias guiándose en principio por la desconfianza en relación con quienes tienen capital político propio. El vértice oficialista prefirió promover a personal de poca experiencia, dependiente del apalancamiento en la figura presidencial, porque espera cosechar una mayor dosis de lealtad (o de obediencia a la jefatura). Esa lógica explica que los libertarios hayan despreciado alianzas que parecían obvias, como la que se insinuaba con la fuerza del gobernador correntino o la que parecía cerrada en Córdoba con el radical Rodrigo de Loredo (“Si el planteo es sumisión, tengo poco para colaborar”, explicó el dirigente de la UCR, que espera ser candidato a gobernador en 2027).


Otras voces, otros ámbitos

Las dificultades que atraviesa el oficialismo no dependen, pues, exclusivamente de sus desencuentros con el Congreso. En paralelo con los debates sobre leyes que el Ejecutivo resiste, se han desatado otros frentes de tormenta. Uno de ellos tiene que ver con el gravísimo descontrol que permitió que se distribuyera en el sistema de salud una cantidad no bien determinada (y sin procedimiento de trazado) de Fentanilo, producido y entregado por laboratorios que habían sido tempranamente inspeccionados y descalificados por los organismos incumbentes, pese a lo cual la operación nunca se detuvo y ha ocasionado hasta el momento un centenar de muertes.

El Ministerio de Salud, bajo cuya responsabilidad se encuentran los controles que no tuvieron consecuencias, reaccionó tarde y despidió a dos funcionarios menores mientras una voz muy cercana al Presidente –el periodista Alejandro Fantino– reclamaba con palabras ásperas la renuncia de Mario Lugones: “Debería dejar el cargo y no debería ser más el ministro” y lo describía “sucio como una papa… le pesan esas muertes”.

Como en el oficialismo más de una vez un animador de streaming operó como vocero adelantado de un despido, la sospecha de que “desde arriba” se había iniciado un operativo para desplazar al padre de un socio de Santiago Caputo, uno de los catetos del “triángulo de hierro”, resultaba plausible. Pero el apartamiento de Lugones no se produjo. Quizás porque, en paralelo, empezaba a desplegarse otro percance en el bombardeado sector de la salud: trascendían supuestas expresiones grabadas del hasta entonces titular de la Agencia de Discapacidad (Andis), Diego Spagnuolo, en las que este se explayaba sobre pedidos de “contribuciones” ilícitas en su área e involucraba a Karina Milei y al influyente Eduardo “Lule” Menem. Spagnuolo es abogado, íntimo amigo de Javier Milei a quien, según se escucha en la misteriosa grabación difundida, habría presuntamente informado anticipadamente de la situación.

En cualquier caso, esa antigua relación (que las fuentes oficiales han desmentido, aunque hay registro de las frecuentes visitas de Spagnuolo a la residencia presidencial de Olivos) no impidió que Spagnuolo, el aparente denunciante de un ilícito, fuera “preventivamente” removido de su cargo ni que el organismo que conducía fuese intervenido “ante la evidente utilización política de la oposición en año electoral”.

Con o sin año electoral, las oposiciones políticas suelen explotar los flancos que dejan los oficialismos circunstanciales. Esta semana, el Congreso no solo se abocó a los vetos del Presidente y a promover leyes que el Ejecutivo resiste, sino a reactivar la comisión investigadora sobre el caso Libra, otro desaguisado que toca a Balcarce 50. Es una inclinación esperable cuando los estudios de opinión pública indican que el tema “corrupción” ha pasado a ser, junto al desempleo, la principal preocupación de la sociedad, que ya parece dar por superada la inquietud por la inflación.

En ese contexto, se explica fácilmente que la oposición preste atención a las palabras atribuidas a Spagnuolo y que la opinión pública preste atención a un hecho que la Justicia escruta con celeridad y que ya ha producido sugestivas revelaciones, como el intento de fuga de uno de los directivos de la droguería señalada en las alusiones atribuidas a Spagnuolo. Notable fue la frase que empleó el Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, cuando lo interrogaron por primera vez sobre el tema: “No pongo las manos en el fuego por ningún funcionario”, dijo. Enseguida perfeccionó: “Por supuesto que creo en la inocencia de Karina Milei y en la de Eduardo ‘Lule’ Menem, pero son temas que tiene que investigar la Justicia”.

Francos –un “hábil declarante”, como lo ha definido el agudo analista Jorge Liotti– parece ser el funcionario destinado a hacerse cargo del volátil asunto mientras el resto del gabinete (y hasta el ejército de trolls que suele pernoctar en las redes sociales) opta por la discreción. El tema es particularmente infeccioso: de comprobarse lo que afirma la voz atribuida al extitular de la Agencia de Discapacidad (una de las cuatro mayores “cajas” del Estado), no se trataría solo del siempre condenable pecado de corrupción, sino que estaría recargado con el agravante del campo donde se habría practicado: un área de salud y atención a las personas más vulnerables sobre la cual el gobierno plantea su clásico método de ajuste y motosierra.


Un puente demasiado lejos

Por detrás de estos episodios, lo que más preocupa a la Casa Rosada es la posibilidad de que la economía se desajuste excesivamente en el tiempo que resta hasta la elección de octubre, cuando Milei promete “arrasar”.

Según Hernán Lacunza, ex titular de Hacienda con Mauricio Macri, la elevación de la tasa de interés decidida para calmar el dólar y la inflación “no será gratuita en términos de producción, consumo y empleo”; para él, las últimas decisiones del gobierno señalan “un camino aleatorio, mix de medidas expansivas y contractivas, algo desconcertante”, por lo que el equipo económico debería “explicitar” su esquema, que Lacunza estima “un poco extravagante”. Es la voz de un aliado: Lacunza es hombre del macrismo.

El Presidente probablemente ha decidido monitorear desde cerca las medidas para preservar logros que considera son sus fortalezas políticas. Respiró aliviado cuando se conoció la tasa de inflación de julio, apenas unos centésimos superior a la de junio. Pero observa nervioso que los precios mayoristas subieron un 2,5 por ciento y ya se prevé que agosto tendrá una cifra que empieza con 2. En cualquier caso, hacia afuera atribuye la desconfianza que ilustra el riesgo país a los problemas políticos que le plantean su debilidad legislativa y la atmósfera electoral. Confía en asegurarse en las urnas un número suficiente de votos legislativos para, como mínimo, garantizar los vetos que le permiten afirmar y defender sus políticas. Por eso empezó a dedicar tiempo a una tarea que por lo general desprecia, que es “la rosca política”. Por eso, aunque teme que su fuerza sea numéricamente derrotada en septiembre en la provincia de Buenos Aires, participó del lanzamiento de la campaña bonaerense, el jueves 14. Esa tarde, en La Plata, Milei demostró que jugará personalmente para avalar a sus candidatos y que ha elegido, en esta instancia, polarizar con Axel Kicillof, a quien llama “el soviético”. Milei lo presenta como la expresión maquillada del kirchnerismo y presume (o desea) que será su rival en las presidenciales de 2027. Una polarización del AMBA.

Sin embargo, ese ánimo polarizador y una política atrincherada en los vetos difícilmente corrijan la debilidad que inquieta al gobierno o el escepticismo que todavía impera en los mercados. Lo que inspira dudas no es la convicción de Milei, sino la capacidad del gobierno y del sistema político para darle sustentabilidad a un programa de cambios. No solo hace falta para aventarlas la convicción del actual oficialismo, sino la presencia de una oposición razonable capaz de sostener, cuando llegue su turno, la lógica de una economía y una convivencia social sensatas y en sintonía con el mundo.

La idea de presentar su batalla asimilando la oposición al kirchnerismo se desdibuja ante el hecho de que lo que tiene que enfrentar en el Congreso excede largamente al núcleo K. Si bien se mira, debería celebrar y subrayar que surja una alternativa como la que se dibuja con la que promueven los gobernadores de Provincias Unidas, que no se posiciona en un polo enfrentado, sino que encarna una competencia que sostiene el equilibrio fiscal y las políticas de productividad (aunque difiera con el gobierno en el papel organizador y compensador del Estado). Esa presencia apuntala al sistema, contribuye a afianzar las instituciones y la gobernabilidad, ayuda a fortalecer la confianza en el país, que es precisamente el problema que hay que solucionar.



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