Los políticos que aspiran a ganar las próximas elecciones del 26 de octubre se afanan por convencernos de que están discutiendo «cuestiones importantísimas sobre el futuro del país», cuando, en realidad, sus discusiones no son más que una forma más o menos presentable de disimular su incapacidad (o su desgano) para arremangarse y meter la mano en ese denso fango en el que cuecen los grandes problemas nacionales.
La batalla por el dinero
Detrás del debate sobre lo que «el puerto nos debe» se oculta una sórdida batalla por el dinero —poderoso caballero— cuya posesión y disfrute moviliza a algunos mucho más que el mero apetito por el poder. ¿Qué sería el poder sin el dinero? Seguramente que nada más que un adorno.Por tanto, aquellos que se manifiestan «seriamente concernidos» por la política económica, por el cierre o la fusión de organismos nacionales, por los recortes en las partidas presupuestarias, y, sobre todo, por la asfixia financiera a que el gobierno federal somete a las provincias, más que en el bienestar de los ciudadanos o el sacrosanto «futuro de la patria», están pensando en que, de continuar el actual estado de cosas, ellos van a manejar y controlar menos dinero del que actualmente tienen o aspiran tener.
Nadie se gasta millones de dólares en una campaña electoral para senador nacional si no tuviera la certeza de que en unos pocos meses va a poder recuperar ese dinero, e incluso, multiplicarlo varias veces.
Muchos de los que persiguen el poder, después de haberlo ejercido se sienten satisfechos y se muestran poco dispuestos a regresar a los primeros planos. En cambio, a los que persiguen el dinero a toda costa no les basta con haber ejercido el poder durante mucho tiempo. Siempre van a querer más. El apetito por el poder suele tener límites; el del dinero no.
El chantaje
En Salta, así como sucede en muchos otros lugares del país y del mundo, se han acabado los soñadores.Conquistar un escaño en el Senado nacional le dará la posibilidad al elegido de chantajear a gusto al gobierno nacional, poniéndole precio a su voto.
Desde 1983 en adelante, la representación de Salta en la Cámara de Senadores ha dejado de ser «institucional» para convertirse en una representación «de intereses». Los senadores que se elijan en octubre de 2025 no serán la excepción, por mucho que intenten disimularlo.
Y para decirlo un poco más claro: «'Parar a Milei' significa 'cobrarle a Milei'»; es decir, intentar que la concreción de las fantasías políticas del Presidente no le salga gratis y que, de ser posible, le cueste mucho, mucho dinero.
Pero este dinero no irá a parar al bolsillo de los pobres votantes que puedieran haber apoyado al chantajista; ni a los trabajadores cuyos sindicatos vergonzosamente se sumaron a su campaña. Servirá para saciar el apetito inagotable e imperecedero de bon vivants de los miembros de una sola familia, y para hacer todavía más fluidos —si cabe— sus vínculos con los patrones poderosos de la Argentina.


