A su modo, cada uno de ellos intenta invertir el sentido de la historia, ya que, históricamente, los gauchos de Salta avanzaron siempre hacia el Norte, con objeto de expandir nuestra frontera hacia el septentrión e impedir el avance realista desde el Alto Perú.
La diferencia entre uno y otro Gobernador está en las armas que portarán sus respectivos gauchos.
Mientras que Sáenz lleva ponchos, guitarras, mate y bombilla, Urtubey propone «hacerle sentir a Milei la fuerza de los salteños», objetivo para el cual los livianos ponchos, las inocentes guitarras y los aun menos contundentes mate y bombilla se antojan muy poco persuasivos.
Para Urtubey hay que amenazar las posiciones centralistas con lanzas, chuzas, boleadoras, rebenques y guardamontes. Las cabalgaduras de los gauchos no se estacionarán contemplativamente en las cuadras del Regimiento de Patricios, sino que saldrán a pisar las cabezas de los libertarios con sus cascos, allí donde estos indeseables, colonialistas y antipatria se encuentren.
El buen trabajo de los gauchos deberá ser rematado por el piloto del helicóptero que decolará del helipuerto de la Casa Rosada hacia quién sabe dónde, llevando como pasajero VIP al presidente destituido y humillado.
El problema, en realidad, es que Urtubey no canta. No imita a Sandro, y las únicas lágrimas que ha conseguido arrancar alguna vez de una dama, fueron por haberle pisado el callo a una vieja en Villa 20 de Junio.
Por no cantar, Urtubey ni siquiera es capaz de cantarle las cuarenta a Milei, ni las mañanitas para su cumpleaños.
Lo suyo es el matonismo de tablón, disimulado con grandes aspavientos republicanos y frases rebuscadas inspiradas en el genial Fidel Pintos, el inventor auténtico de la «sanata».
A diferencia de Sáenz, Urtubey plantea una «lucha de poder», entendido el poder, no como aptitud para gobernar, sino como «potencia».
Es decir, la ley de la selva. Es el Viagra llevado a las altas instituciones del Estado.
Sáenz, mucho más astuto y mediático, ha convocado al chalchalero para que cante con él al pie de la Pirámide de Mayo.
Tal vez no consiga mucho con su música de tierra adentro, pero una cosa es segura: conseguirá mucho más que Urtubey metiéndole miedo al Presidente con su «potencia vallista», obtenida gracias a la milagrosa pastillita azul.



