Tanto Milei como Sáenz arriesgaban mucho en las elecciones de ayer. Ninguno se escondió. Los dos pusieron lo mejor de sí para que la de anoche fuese una de las noches electorales más memorables de los últimos tiempos.
Pero la de ayer no ha sido una elección de muertos sino de vivos.
Porque, superando los escándalos de corrupción, los ataques a su plan económico, la inquietud social y las siniestras operaciones sobre la moneda diseñadas milimétricamente por sus opositores, el Presidente de la Nación —un «vivo» al que el kirchnerismo daba ya prácticamente por derrotado— ha logrado que sus candidatos ganen en 16 de las 24 demarcaciones electorales (incluida la esquiva Provincia de Buenos Aires) y así duplicar con creces el número de diputados nacionales.
De esta «ola de simpatía» hacia el Presidente no se ha salvado Salta, por supuesto. El kirchnerismo ha cosechado en nuestra Provincia uno de los peores resultados de su historia, lo que lo aboca a su desaparición.
Probablemente esta debacle se podría haber evitado, de no ser porque otro «vivo» apareció en escena en un momento en que probablemente nadie esperaba.
Decidido a «romper con la polarización», el gobernador Gustavo Sáenz salió a disputarle a los dos extremos, en condiciones de evidente desventaja, el favor del electorado. Lo hizo con un mensaje que al principio sonaba ambiguo pero que, con el correr de la campaña, se fue haciendo cada vez más claro y concitando más apoyos.
A Sáenz se debe atribuir el mérito de haber convertido en senadora nacional a Flavia Royón, una candidata apenas conocida, sin dudas atractiva y de gran capacidad técnica, pero sin experiencia electoral. En su debut en estas lides, Royón consiguió duplicar en votos a todo un encantador de serpientes como Juan Manuel Urtubey, otro «vivo», sin dudas, pero que ayer no terminó la noche con una sonrisa.
A los votantes de Primero los Salteños no les importó tanto si sus candidatos estaban más cerca o más lejos de Milei. Les ilusionó la posibilidad de no sentirse condicionados por los grandes dilemas nacionales y, sobre todo, la oportunidad de expresar, en clave salteña, su deseo de no volver al pasado. Fue Sáenz quien les dio la posibilidad de expresarse.
Aunque con el 33% de los votos los candidatos de Sáenz a diputados nacionales quedaron en segundo lugar, Primero los Salteños consiguió imponerse en 16 de los 23 departamentos en que se encuentra dividida Salta y que son —recordemos— la base de la representación legislativa provincial.
Es muy evidente que el peronismo salteño —fuerza que todavía es capaz de movilizar a importantes cantidades de gente— se decantó mayoritariamente ayer por los candidatos de Saénz, relegando a Fuerza Patria y al Partido de la Victoria a un lugar marginal, casi despreciable.
Contra escépticos, agoreros, detractores y mentirosos digitales, Gustavo Sáenz y su moderación han ganado anoche mucho más de lo que dicen los números.
