No se trata, en consecuencia, de una elección proporcional. Esto quiere decir, entre otras cosas, que aunque la distancia entre los primeros y los segundos sea escandalosamente abrumadora (por ejemplo, 99% contra 1%), los ganadores no se llevarán los tres senadores sino solamente dos. El restante será para los del 1%, aunque parezca injusto.
Se supone que en Salta el antimileísmo más puro y visceral es minoría. El Presidente cuenta con el apoyo de sus incondicionales en Salta y con un apoyo –más bien condicional o condicionado– de una amplia franja «moderada» que anhela el éxito de sus políticas, pero que al mismo tiempo recela del centralismo y cuestiona abiertamente algunos recortes en sectores clave de la economía social.
Puede ocurrir que los mileístas de pata negra y los ocasionales «acompañadores» del Presidente se repartan los tres escaños senatoriales en disputa. Pero puede suceder también que alguno de ellos quede fuera del reparto, y la representación minoritaria de Salta en el Senado nacional sea ejercida finalmente por un antimileísta puro y duro.
Si fuera este el caso, cabría preguntarse: ¿Es Juan Manuel Urtubey la persona indicada? ¿Es un antimileísta fiable, o es todo lo contrario?.
Independientemente de sus apetitos personales –que parecen insaciables– lo cierto es que, en caso de ser elegido senador nacional, el exgobernador de Salta afrontaría una muy difícil (casi imposible) inserción en el bloque kirchnerista de la Cámara de Senadores.
Con todo el derecho del mundo, los senadores que responden a la expresidenta Kirchner lo mirarían muy mal desde el comienzo. El flamante senador no tardaría entonces en hacer «rancho aparte» y utilizar el escaño de Salta en el Senado Nacional como segundo trampolín de impulso para sus ambiciones presidenciales.
Quedan unas horas para que los salteños que tienen algo en la cabeza impidan que esto suceda y se distorsione la representación política de Salta en las instituciones federales.
Es decir, pocas horas quedan para que el sentido común impida que el bloque kirchnerista en el Senado nacional se resienta o se fracture por la presencia de alguien que no pertenece al «espacio»; por alguien que hace no muchos años utilizó un cuantioso préstamo internacional en dólares para instalar a su propio hermano en el Senado entre 2013 y 2019, para que finalmente el carísimo senador Urtubey terminara apoyando todas las iniciativas legales del gobierno de Mauricio Macri y votara codo con codo junto a Juan Carlos Romero.
Si el kirchnerismo de Salta –minoritario como se le supone– tiene que enviar a un Senador al Congreso de la Nación, bien haría en decantarse por alguien que represente de forma genuina y leal –y no de forma oportunista y calculadora– a esa minoría que busca hacer una oposición frontal a unas determinadas políticas que considera injustas.
Muy difícilmente se pueda falsificar como anticapitalista una persona que es dueña de importantes negocios, atesora una respetable fortuna personal, coquetea con el «show business» y cuenta entre sus más leales a encumbrados dirigentes de la Unión Industrial Argentina (la patronal más elitista del país), a la que pertenece uno de sus hermanos.
Si Urtubey consigue hacerse un hueco en la lista kirchnerista, lo más seguro es que pierdan todos: los kirchneristas, los no kirchneristas, los libertarios y no libertarios, los peronistas y no peronistas, y los salteños en su inmensa mayoría.
