A diferencia de sus dos predecesores más inmediatos, que manipularon a su antojo a las cámaras de la Legislatura provincial durante 24 años, Sáenz sabe perfectamente que en estos tiempos ni la fuerza del número ni los apoyos automáticos son suficientes para revestir de razonabilidad y prestigio las decisiones de gobierno, así como para superar el cada vez más exigente filtro de la opinión pública.
Probablemente, si hubiera insistido en la aprobación de aquel proyecto, su popularidad habría descendido. Pero con la decisión de retirarlo, sin dudas que ha crecido.
Resta por ver ahora si el Gobernador adoptará el mismo temperamento, si demostrará la misma astucia y pondrá en práctica su innata sensibilidad política con otra decisión de su gobierno que ha desencadenado una gran polémica.
Ya no se trata de una cuestión socioeconómica sino de una en la que se encuentra en juego el prestigio, la seriedad y la transparencia de las instituciones fundamentales del Estado. A estas alturas, lo que empezó siendo un mero trámite se ha convertido en un desafío institucional de primera magnitud.
Como ha quedado demostrado con el felizmente retirado proyecto del IPS, ni los legisladores más cercanos al gobierno parecen ya dispuestos a aprobar a libro cerrado iniciativas que nacen con la mancha original de la impopularidad.
El Gobernador ha sabido descodificar a tiempo las señales del entorno y sabe ahora que retirar no es retroceder, ni experimentar derrota alguna.