Ahora la historia se vuelve a repetir, pero si hace años no hubo «víctimas» políticas a causa del exceso mayestático del senador vitalicio, ahora quien ha visto rodar su nombre por el fango es esa paloma de la paz que es don Julio Argentino San Millán, responsable de las relaciones internacionales del gobierno de Salta.
Huelga decir que ni el mismísimo señor San Millán -ninguneado por la Intendenta- ni la propia señora Romero, tienen la más mínima competencia en materia de protección diplomática a ciudadanos argentinos en el extranjero.
Si no la tiene el gobierno provincial, por razones que son más que obvias, imaginemos el absurdo que supone que una dirección municipal que, apenas puede con los manteros de las peatonales y cuyo éxito se limita a la organización de kermeses para las diferentes «colectividades» intente terciar en el enfrentamiento entre Hamas y el gobierno de Israel.
Con la buena onda que tiene la señora Romero con el gobierno kirchnerista, es casi seguro de que el canciller levante el teléfono inmediatamente para cumplir con sus desesos.
Ahora bien; si se trata de una cuestión humanitaria, fácil lo tiene la señora Romero, pues le bastaría con pedirle a su padre, el senador don Juan Carlos, que ponga proa con su aeronave hasta el aeropuerto del Tel-Aviv, pues ya que el senador vitalicio se ha declarado en Twitter «especialista en llegar a destino», no habrá mejor piloto de guerra que él que pueda ser capaz de hacer decolar su avión en suelo israelí, esquivando los misiles tierra-aire que son disparados desde el Líbano, y traerá a los salteños que ahora mismo están oyendo silbar las bombas a su alrededor.
Los salteños pueden quejarse todo lo que quieran de los baches que la Intendenta no arregla en la ciudad, pero es porque no están viendo la «big picture». Bettina Romero está salvando al mundo. Los salteños somos unos desagradecidos.