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  • El tiro por la culata
  • La sintonía entre el Gobernador de Salta y el Intendente Municipal de la ciudad capital de la Provincia provoca -a algunos- una comprensible incomodidad.
Emiliano Durand y Gustavo Sáenz
Emiliano Durand y Gustavo Sáenz

Los dos últimos gobernadores que ocuparon la oficina antes que Sáenz utilizaron e instrumentalizaron a los municipios y a los intendentes para sostener el culto a su egocéntrica personalidad, obigándoles en muchos casos a los regidores municipales a aceptar condiciones draconianas, con la excusa y bajo la máscara de la «descentralización» y el mal llamado «federalismo».


En la memoria de muchos se conserva todavía la patética imagen de un ministro del gobierno de Urtubey que tenía montada en su oficina una especie de photocall por el que periódicamente hacía desfilar a los intendentes municipales, a los que fotografiaba cuando aceptaban sumarse al «proyecto político» de su jefe en vísperas de unas elecciones.

Ninguno de los gobernadores anteriores supo cómo y cuándo «cooperar» con los intendentes municipales y trabajar con ellos en las soluciones concretas para sus territorios. Los dos, a su modo, los menospreciaron; por razones políticas en algunos casos, pero, más que nada, por un absurdo supremacismo social.

Al contrario, tanto Romero como Urtubey se empeñaron en «dar clases» a intendentes y concejales sobre cómo gobernar sus pueblos, cuando ninguno de los dos -ni Romero ni Urtubey- sabían cómo gobernar la Provincia.

Por ello quizá es que a algunos les parezca extraño que Gustavo Sáenz se lleve bien con Emiliano Durand, con Franco Hernández Berni, con Baltasar Lara Gros, con Carlos Rosso, con José Issa o con Enrique Borelli.

Quizá la sensibilidad diferencial de Sáenz se explique mejor porque él fue Intendente, como no lo fueron ni Romero ni Urtubey, ambos atrapados en sus delirios magalomaniacos.

Gustavo Sáenz conoce, en cambio, cómo se practica la política de proximidad y parece (felizmente) lejos del lenguaje grandilocuente y las tentaciones mayestáticas de sus antecesores.

Algunos podrán decir que al actual Gobernador le falta esa «visión amplia» que tenían Romero y Urtubey; pero si con aquella «visión» los dos «juanes» dejaron la Provincia como la dejaron, siempre es preferible que Sáenz no vea más allá de la próxima curva.

Pero aunque sus detractores se ilusionen con ello, el trabajo coordinado con los intendentes municipales de los centros urbanos más poblados de Salta demuestra que la «visión» de Sáenz ni es estrecha ni es aldeana, como algunos le afean. Aún no sabemos si sus decisiones alcanzarán para sacar a Salta de su postergación, pero lo que parece claro es que su cercanía con los intendentes no es una simple pose sino la demostración de que el Gobernador de Salta, por encima del culto a la personalidad y de los sueños de grandeza (o de poder en ciclos largos), ha colocado el progreso de sus conciudadanos.

Aunque lo que molesta no es esto sino que, al mismo tiempo, Sáenz haya sabido desplegar una tupida red de contención política para apuntalar su mando. Sus enemigos no le perdonan que, con tantas dificultades como las que ha enfrentado sin parar desde 2019, la vitalidad electoral del Gobernador de Salta se mantenga intacta y que -aun- muestre signos de incremento.

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