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  • Inocultable sentimiento antiobrero
  • El señoritismo de Juan Manuel Urtubey penetra todos los tejidos, como las manchas más rebeldes. No se disimula fácilmente. No afloja ni con los detergentes más potentes del mercado.
Urtubey discursea ante un auditorio de sindicalistas
Urtubey discursea ante un auditorio de sindicalistas

No basta sacarse la camisa fuera del pantalón, ni curtir un look de rapero desaliñado con sudadera de capucha. Por los poros (que, como el algodón, no engañan) asoman esos sutilítimos efluvios que, sin necesidad de ADN alguno, identifican a una persona, con un 99,99% de seguridad como radicalmente antiobrera.


Hasta un perro entrenado por la Gendarmería —«la can» Gringa, por ejemplo— podría con simplemente olisquearlo a la distancia darse cuenta de esta inverosímil falsificación.

Los que no se dan cuenta del engaño —o parecen no querer darse— son los sindicalistas salteños que aplauden a rabiar al portavoz y escudero de los patrones. Pero no de cualquier patrón, sino de los más negreros y explotadores que ha conocido Salta desde que la revolución industrial desembarcara en nuestras playas, casi en el siglo XXI. ¿O tal vez no ha llegado aún? Si no ha llegado aquí la Revolución Francesa, lo más probable es que la otra tampoco lo haya hecho.

En una miniasamblea de trabajadores reunidos para jalear al candidato, Urtubey les ha pedido a los obreretes salteños «sembrar esperanza», con la misma entonación de pastor de un culto no reconocido con la que, hace años, dijo que su entonces jefe y mentor estaba «sembrando progreso» en Salta.

Si estas son las «siembras», no queremos imaginar lo que serán las «cosechas».

Veamos:

1) En octubre de 2022, en una de sus columnas de FM Aries (la titulada «La ley de la selva»), Urtubey desconoció implícitamente el derecho de los trabajadores a acudir a la huelga para defender sus intereses. Escribió entonces: «El monopolio del uso de la fuerza lo debe tener el Estado, no los grupos de presión, sectores particulares o quién sea». A renglón seguido, refiriéndose a los trabajadores, dijo: «Hacen uso de la fuerza para conseguir no solo mayores salarios sino discusiones en convenios colectivos». Como si fuese un gravísimo pecado. ¡Si se enterara la OIT!

2) En agosto de 2023, en su columna «Alianza de producción y trabajo», separó tajantemente al obrero asalariado de la producción (lo expulsó de la economía) e insinuó que solamente eran productores los empresarios, negando así la contribución de los trabajadores a la riqueza nacional.

3) A finales de julio de 2019, mientras un amplio grupo de docentes estaba en huelga y, paralelamente, negociaba con el gobierno de Urtubey mejores condiciones salariales, este buen hombre decidió abandonar abruptamente la mesa de negociación e imponer mediante decreto un aumento unilateral que previamente había sido desechado por los huelgistas. Dando un golpe sobre la mesa, Urtubey se cargó toda la libertad sindical, que costó casi dos siglos apuntalar.

4) A comienzos de abril de 2014, cuando su gobierno enfrentaba una dura huelga de los docentes autoconvocados, Urtubey se apoyó en el «sindicalismo orgánico» de la señora Patricia Argañaraz (entonces secretaria general de ADP y lideresa de las maestras más olfas) para restar legitimidad a los autoconvocados. En noviembre de 2024, Argañaraz fue condenada a la pena de seis años de prisión por estafas. Este es el tipo de sindicalistas de que se rodea Urtubey.

5) Durante su frustrada campaña presidencial para las elecciones de 2019, que duró más de dos años, y que, como casi todo el mundo sabe (menos los fiscales), no fue pagada con recursos propios, Urtubey se reunió veinte veces más con los empresarios que son los sindicatos. Las escasas reuniones que tuvo entonces con los representantes del movimiento obrero se limitaron, exclusivamente, a contactos con el sindicalismo peronista (con la burocracia sindical de toda la vida). Del discurso de campaña de entonces surgió con claridad que «al país del futuro» lo iban a hacer solamente los industriales y Urtubey.

6) También en abril de 2014, tres cuartas partes de los trabajadores de Salta reclamaron con energía que Urtubey cesara al entonces Jefe de la Policía de Salta, comisario Marcelo Lami, por «claros excesos represivos» contra los trabajadores de la enseñanza que se encontraban en conflicto. A Romero se lo criticó por arremeter a palos contra los docentes y piqueteros. ¿Olvidamos a Urtubey?

Este no es sino un apresurado y fragmentario repaso de las credenciales del mesías redentor de los trabajadores de Salta; del «sembrador» que alguna vez prometió «hacer realidad la esperanza», sin haber podido aún conseguir hacer realidad su propia ambición de «niño bien, elegante y presumido».

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