El ministro de Economía, Luis Toto Caputo, profetiza que en las elecciones “la economía se va a llevar puesta a la política” y se ufana de algunas noticias buenas (el país ha mostrado un leve crecimiento positivo que, según él, será significativo el año próximo; la inflación decayó en abril y las previsiones indican que volverá a mostrar descenso en el índice de mayo).
La disputa por las piezas blancas
Pero puertas adentro del poder libertario hay alguna inquietud. Notan que el círculo rojo empieza a preocuparse por la fragilidad política de la arquitectura libertaria y saben que algunos miembros natos de ese sector muestran hartazgo del estilo agresivo, exaltado y arbitrario del Presidente y buscan discretamente un candidato que conduzca en la misma dirección pero que actúe con más respeto por la normalidad. Una política centrada en la confrontación puede ser exitosa en la lógica convulsiva de las redes sociales pero es dañina para las necesidades de gobernabilidad, desarrollo e integración de la Argentina.Así, algunos grandes empresarios, como Paolo Rocca, alientan un mayor protagonismo de Mauricio Macri y miran con atención los movimientos diferenciadores que practica Patricia Bullrich.
La senadora y ex ministra de Seguridad de Milei ha producido en pocas semanas una serie de gestos de toma de distancia en relación con el verticalismo libertario. Un saludo cariñoso a Macri en la cena de la Fundación Libertadora que contrastó con la reticencia presidencial; unas filmaciones que ilustraban su protagonismo en un éxito legislativo libertario y lucían como piezas de campaña; el reclamo al jefe de gabinete, Manuel Adorni, de que presente “de inmediato” su declaración jurada de bienes e ingresos y ahora el anuncio de que no acompañaría en el Senado el pedido de retiro del pliego de una candidata a jueza, caída en desgracia por su parentesco con el periodista de La Nación Hugo Alconada Mon, indigesto para los hermanos Milei. De hecho Bullrich cumplió su promesa y en la votación la mayoría del Senado (con el voto del libertario Poltroni incluido) rechazó la solicitud presidencial de retiro de ese pliego.
La senadora Bullrich tiene bien ganada su fama de política itinerante, peripatética: formada en el peronismo de izquierda, fue también seguidora de Lilita Carrió, jefa de una organización republicana propia, miembro de Juntos por el Cambio y hasta presidenta del Pro, antes de sumarse a la caravana libertaria. Muchos malician que ahora está tramando un nuevo cambio de casaca. No necesariamente: ella parece prepararse, más bien, para convertirse en una socia autónoma de Milei y compartir con él las decisiones en caso de que el Presidente esté en buenas condiciones de ser candidato de la derecha, o para sustituirlo si el mileísmo exhibe en los meses que quedan hasta las elecciones muestras crecientes de fatiga de los materiales.
Bullrich se siente derechohabiente del 25 por ciento de votos que Milei sumó en la segunda vuelta de octubre de 2023.
Claro que ese título también lo puede reclamar con ciertos derechos el PRO que ella abandonó y que hoy intenta revivir con Mauricio Macri como abanderado. Macri insiste en que el PRO tendrá candidato presidencial propio en 2027 y, al mismo tiempo, evita descartar de manera categórica la posibilidad de asumir él mismo ese papel. Ese complejo ajedrez preelectoral –una disputa por las piezas blancas– abre interrogantes sobre la cohesión futura del espacio que hoy respalda –sea incondicionalmente, sea con objeciones de conciencia, sea críticamente– al Gobierno.
En cuanto a las negras
En cuanto a las piezas negras, hemos anotado en este espacio los movimientos convergentes de distintos sectores peronistas por abrir una etapa postkirchnerista e incorporar a su programa algunos puntos fuertes que el mileísmo parecía hasta ahora monopolizar (control del gasto público, defensa del equilibrio fiscal, combate a la inflación, atracción de inversiones).El próximo miércoles hará su presentación en sociedad, desde La Plata, una nueva iniciativa que, aunque no se define como peronista sino como “derecha” o “centro nacional”, trabaja para articular un acuerdo con el peronismo y combinar las inquietudes de orden fiscal del gobierno con una agenda ligada fuertemente al empleo y la producción (consideran que el mileísmo se desentendió completamente del impacto de sus políticas en la economía real). A la cabeza del movimiento, que por ahora responde al nombre de Argentina Productiva, hay dos peronistas históricos que colaboraron con el macrismo (Miguel Pichetto, Emilio Monzó) y dos libertarios (Carlos Kikuchi y Sergio Vargas). Así, desde distintos puntos, avanza el tejido de una alternativa realista al mileísmo para la hora de las urnas.
Para que pueda haber partidas virtuosas es indispensable que haya contendientes que compartan y respeten las reglas del juego.