Dentro del campo de la cultura podríamos determinar que desde el Arte los seres humanos desde el estar crean sentimientos preciosos e irrepetibles, objetos de amor, de belleza, de estética. Desde el ser se ofrecen estos sentimientos, les ponen un valor de compra y venta y los subastan al hambriento mundo consumidor que todo lo devora.
Las mercancías culturales, en este sentido, ya no son parte de los artistas, ya no son parte de la gente ni de su entorno o región; se vuelven parte de un espectáculo o show exhibicionista, de un valor que ya no depende de su belleza sino de su fama y su peso en oro. Y todo va de la mano, los fenicios de la industria imbuidos de estas mercancías marcan la tendencia de la moda en ropas, perfumes, autos, casas, e incluso se aplica a los espacios de recreación, deporte y turismo. Y todas estas tendencias, que en la jerga del mercado se llaman "servicios", nos eligen los gustos, lo que debemos comprar, lo que debemos disfrutar. El servicio nos compra –no al revés–. Y el círculo se cierra cuando estos objetos consumibles que tienen la marca como esencia, nunca se presentan con estos valores sustantivos sino que se subliman en aspectos culturales. Extraña paradoja humana: convertimos lo ideal en objetos de consumo y luego lo barnizamos de cultura. Para el estar el Arte es un recurso espiritual y ofrece una perspectiva de desarrollo humano que enaltece la existencia. Desempeña un papel importante en la vida moderna y el público en general debería tener acceso tanto físico como intelectual y/o emotivo a este goce.
En el caso del fútbol, el negocio más rentable de todos los tiempos, constituido por una "tecnocracia del deporte profesional", como bien diría Eduardo Galeano, que representa el dominio de la lógica empresarial y la eficiencia técnica sobre la esencia intrínseca del más bello de los juegos. Es la mercantilización junto con la tecnología aplicada al deporte. Una mentalidad que prioriza el rendimiento, la estrategia y el resultado económico por encima de la creatividad, la belleza y la pasión. El fútbol dejó de ser un fin en sí mismo para convertirse en un medio para generar ganancias y espectáculo controlado.
Pero hay quienes se escapan de la regla impuesta por el mercado, por un milagro de la naturaleza humana hay quienes todavía imponen la fantasía, la improvisación, el regate inesperado, la magia del fútbol. Lo que la tecnocracia, con sus tácticas rígidas y su énfasis en la disciplina, que limita la libertad, no puede contra ciertos personajes que descollan por su intrepidez y osado comportamiento.
Y estamos hablando de dos argentinos singulares: Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi, que con sus diferencias propusieron y aún proponen una "música en la pasión y una fiesta para los ojos". Porque la creatividad, la genialidad individual que surge de la espontaneidad y la imaginación de estos jugadores rompe con la predictibilidad y el control deslucido del juego máquina.
El fútbol competencia se ha volcado hacia un modelo físico, donde la rapidez y la potencia son valores supremos. Esto implica un entrenamiento riguroso y una preparación física que, si bien optimizan el rendimiento, a menudo sacrifican otros aspectos del juego. Los jugadores se convierten en engranajes de una maquinaria fría y deslucida, diseñados para ejecutar movimientos preestablecidos con máxima eficiencia, y este es el caso de Cristiano Ronaldo… un gran jugador, pero sin la gracia necesaria.
Por esta razón Messi gusta tanto, al margen de sus logros y récords imposibles de superar, es la alegría, el goce espontáneo de jugar por el simple hecho de hacerlo.
Para terminar, la frase de Eduardo Galeano sobre la "tecnocracia del deporte profesional" es una poderosa crítica a la deshumanización del fútbol. A través de ella, el autor no solo denuncia la pérdida de la felicidad, la fantasía y la belleza en el juego, sino que también invita a reflexionar sobre los valores que se priorizan en la sociedad moderna. Es un llamado a recuperar la esencia lúdica y pasional del fútbol, recordándonos que, a pesar de la mercantilización, la magia del fútbol aún puede manifestarse en aquellos momentos de pura libertad y creatividad en el campo.