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  • Envidia cochina
  • Tengo que expresar aquí mi disgusto —siempre menor, desde luego— por el tratamiento que cierta prensa española está dando a la Selección Argentina (Campeona del Mundo y dos veces consecutivas de América) en este Mundial de 2026.
Lionel Messi
Lionel Messi

Entiendo, por supuesto, una parte de esos juicios sesgados y hasta malvados, porque —aunque el aficionado español no lo diga abiertamente— Argentina es ahora, junto con Francia, el principal escollo para que la selección española pueda coronarse campeona en esta edición del torneo.



Pero no entiendo ni justifico que, para denigrar a la Selección Argentina, se tenga que caer en la simplificación peyorativa de decir, partido tras partido, que «depende de Messi», que «si no fuera por Messi»», o que «si no lo tuvieran a Messi» para dar a entender que los campeones del mundo no juegan prácticamente a nada y que tienen la «suerte» de que, por una casualidad cósmica, el mejor jugador de todos los tiempos se enfunde la camiseta albiceleste.

Esta mañana, después del tremendo partido entre los nuestros y Cabo Verde, han vuelto a resonar esas críticas envenenadas; pero lo han hecho con cierta contención, ya que quién más quién menos recuerda aquí que la selección española no pudo hacerle ni un solo gol a Cabo Verde. Nosotros le hicimos tres, y bien calladitos que se quedaron algunos.

Algunos hinchas españoles —los más partidarios de Messi (porque hay también aquí quien lo desprecia)— piensan que Messi es un español disfrazado que está «prestado» en la Argentina, porque el chiquitín se formó aquí; porque llegó esmirriado y con sus huesitos estrechos, y que, si no fuera por todo el yogur que le dieron en La Masía, el jamón tde eruel y la proteína de los calçots, hoy no podría ni siquiera caminar la cancha como lo hace y sus padres —que llegaron aquí pobres— hoy no serían multimillonarios.

Son los que piensan que Messi, en realidad y en justicia, debería jugar para España, la tierra que lo parió como futbolista; como también debería jugar para la «roja» Cristiano Ronaldo y todo aquel crack que alguna vez haya comido yogur y bebido Actimel y quedado debiendo importantes cantidades a la Hacienda española.

Son los que idolatran a Lamine Yamal, pero solo cuando se enfunda la «roja», porque, cuando el chico viste la «azulgrana», lo insultan llamándole MENA (menor no acompañado) en los aledaños del Bernabéu. Así sucede aunque al estupendo extremo derecho del Barça también aquí se lo huiese cebado con el mejor yogur que puedan producir las vaquitas asturianas. ¿Acaso alguien cree que la ortodoncia de Lamine es obra de un dentista marroquí?

Pero entre Messi y Yamal hay una diferencia fundamental que no está relacionada con la habilidad futbolística de cada uno. Messi no es un apéndice afortunado del equipo nacional: Messi es la Argentina, porque la encarna, la simboliza y la interpreta, como no podría hacerlo en relación a España, por un cúmulo de motivos, el joven y eximio Lamine Yamal.

La Selección Argentina juega para Messi, es verdad; pero también es verdad la premisa inversa. Messi se desvive por el equipo, por sus compañeros, por el grupo, por los hinchas, por el país. Messi no solo es capitán de un equipo, es el Padre de la Patria.

En resumen, que el GOAT no está pegado con alfileres a Argentina como pretenden los envidiosos hispanos; no lo está, entre otros motivos, porque, en mi modesta interpretación de hincha, Messi, él solito, es más grande que los dos países juntos y se encuentra en un plano infinitamente superior al de las mezquindades de una y otra orilla, para desgracia de muchos que se consideran superiores a él.



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