Siempre una mirada de «mero usuario», es decir, de una persona que se auto observa con atención.
Variadísimos estímulos materiales y espirituales inciden y gravitan en nuestro estado de ánimo de manera positiva o negativa.
Algunos de esos estímulos podemos provocarlos para que se produzcan. Un ejemplo personal: la música nos levanta el estado de ánimo. Cuando en la larga lucha cívica para evitar la demolición del teatro Albéniz de Madrid mi ánimo caía, lo levantaba escuchando Often a bird, de Wim Mertens. Con el teatro ya salvado Mertens actuó en el Albéniz (23 de junio de 2024), y, por supuesto, fuimos a verle.
Otro ejemplo personal: cualquiera sea el nivel de mi ánimo: jugar al Ping Pong me lo mejora fuertemente; a veces voy desganado... pero vuelvo fortalecido, con ganas de escribir y publicar, lo que también me levanta el ánimo.
Pero puede ocurrir que, aún sabedores de que es aquello que nos levanta el ánimo, podemos ser incapaces de impulsar el mecanismo salvador. En mis ejemplos: de poner la música, de escribir. Una suerte de «capricho» bloquea la salida triunfadora.
Sigo sin decir nada especial.

