Se atribuye, con razón, el impulso de esta declaración municipal a la gestiones realizadas en su día por el ya desaparecido empanadero salteño don Roberto Díaz, más conocido en círculos culturales como Topeto.
Como todas las normas de este tipo, la Ordenanza en cuestión contiene unos determinados fundamentos y parece ser que, en este caso, tales fundamentos son los únicos que justifican la decisión adoptada, porque así lo expresa el artículo 1º de la norma en cuestión que dice haber establecido la jornada «por las razones expuestas en los considerandos de la presente».
Pues bien, ¿de dónde han salido estos considerandos?
La verdad es que esta parte del instrumento es un «collage» de «copy and paste», en el que se mezclan sin ton ni son fuentes serif con sans-serif, y que ha abrevado (por decirlo de algún modo) en varias fuentes (en este caso, no tipográficas), pero sin tomarse el trabajo de citar más que a dos: los escritos del cronista Antonio Paredes Candia y los estudios de la historiadora salteña Ercilia Navamuel, ambos citados con nombre y apellidos en los párrafos finales.
La Ordenanza tiene trece párrafos de considerandos, en dos de los cuales se identifica con claridad a sus inspiradores.
Pero los párrafos quinto, sexto, séptimo y octavo de la Ordenanza (que aparecen recuadrados en la imagen adjunta) son copia literal de un artículo divulgativo de más largo alcance que quien suscribe la presente redactó y publicó en Salta en 1997, para disgusto del señor Topeto, quien no se ahorró la molestia de hacer conocer a unos parientes del autor su gauchesca insatisfacción.

Al parecer, el señor Díaz no estaba tan de acuerdo en considerar a las cornish pasties inglesas como las parientes lejanas -y quizás las inspiradoras- de nuestras empanadas, pues tanto Juana Manuela Gorriti como Martín Miguel de Güemes las inventaron como Belgrano a la bandera nacional; es decir, un día se levantaron y vieron el cielo trufado de carne molida con papas, cebollas, huevo duro y verdeo.
Aquel artículo fue probablemente el primero dedicado a las empanadas salteñas en Internet, pero ni el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Salta, presidido entonces por la señora Nora del Valle Giménez, ni lógicamente el señor Díaz, hicieron el más mínimo esfuerzo por mencionar la legítima procedencia de aquellos párrafos, y, mucho menos, el nombre del autor.
Si el que suscribe tuviese el ego que tenía el ilustre empanadero fallecido, esta es la hora que hace 20 años habría montado un escándalo, no solo por el descarado plagio, sino también por el hecho de que la copia fue sancionada y santificada por los representantes de la «soberanía» municipal, para quien el autor de los párrafos nunca ha trabajado. Entre las cualidades morales de los poderes del Estado se debe contar la observancia del mandamiento de «no copiarás las obras de tu prójimo».
Sin embargo, como felizmente la mezquindad no es una de las cualidades que adorna el espíritu de quien suscribe, no solo ha guardado silencio durante veinte largos años, sino que en homenaje a don Topeto y a los salteños que sobreviven gracias a la producción o al consumo de las empanadas, ha decidido sumarse a la fiesta, expresando su regocijo poque su trabajo haya contribuido (involuntariamente) a dar forma a la celebración, limitándose a aclarar simplemente que lo que ha salido de su pluma ha salido de su pluma, porque es justicia reconocerlo.
Y porque así como a don Topeto no le habría gustado que confundieran sus empanadas con las de la señora Úrsula, al autor tampoco le hace gracia que el Concejo Deliberante sancione una Ordenanza previa apropiación de unas palabras que perseguían una finalidad completamente diferente.