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  • ¡Qué miseria, che!
  • Quisiera empezar contando que vivo en un lugar en el que por cada empanada te cobran 4.500 pesos.
Juan Manuel Tenuta y Luis Brandoni en una escena inolvidable de Esperando la carroza
Juan Manuel Tenuta y Luis Brandoni en una escena inolvidable de Esperando la carroza

Aunque en este país no es muy habitual comprar las empanadas por docena, es fácil hacer la cuenta: la docena de empanadas bordea los 54.000 pesos, lo que es lo mismo, unos 40 euros.


El problema aquí no es el precio sino que las empanadas –generalmente sosas y aporteñadas– tienen muy poco que ver con ese manjar que son las auténticas empanadas salteñas que, afortunadamente y para tortura de los tucumanos, nosotros preparamos en casa, y por una cantidad muy modesta de dinero, que haría enrojecer de vergüenza a todos esos sitios pretenciosos que por aquí se forran vendiendo empanadas de carne picada a máquina, con pimientos y aceitunas, y «cerradas con tenedor».

A pesar de los precios inalcanzables que se pagan en España por las empanadas argentinas, y en sitios empanaderos como Cornwall o Londres, no me han parecido tan escandalosos los 48.000 pesos de Ricardo Darín como los 26.000 pesos que se piden en Salta por una docena de salteñas auténticas.

Con los 16.000 que le recomendó Caputo, Darín no está muy lejos de comerse las tres empanadas «que sobraron de ayer» y que Antonio Musicardi se comió en Esperando la carroza).

Con 26.000 pesos (aproximadamente 20 euros) en casa preparamos 5 docenas, por lo menos. Es lo que el otro Musicardi (Sergio) habría definido como «una miseria digna».

Me imagino que en Salta, en donde la carne es bastante más barata, con 26.000 pesos se pueden fabricar hasta 10 docenas.

Alguien, que no es ni Darín ni Luis Brandoni, nos está choreando.

Vayanlón sabiendo.

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