En ellas, el legislador dice algo así como que el responsable de generar miseria y pobreza es el Estado.
La generalización del diputado Zapata es preocupante, porque siendo él miembro de uno de los poderes del Estado (probablemente el más importante de los tres) acusa al que le da de comer de ser el responsable de todos los males conocidos y por conocer. Entre esto y pegarle a la madre hay escasas diferencias morales.
Como digo, el debate sobre las dimensiones del Estado y la libertad de mercado me trae al fresco. Este es un asunto que lleva siglos enfrentando a gente de muy variada condición y no voy a ser yo (y desde luego no Zapata) quien lo vaya a resolver en dos líneas.
Pero creo que si yo, como ciudadano normal y corriente, estoy obligado a fijarme de vez en cuando en esos índices y rankings internacionales que ordenan a los países por su prosperidad, sus libertades, su Estado de Derecho o, incluso, su felicidad, el diputado nacional señor Zapata está obligado a hacer lo mismo y mucho más.
Y, por lo que estoy viendo, parecería que no lo hace, porque si lo hiciera podría comprobar, como lo hace un montonazo de gente, que los países que están a la cabeza de todos estos indicadores no son países en donde el Estado sea marginal, mínimo o despreciable, precisamente.
No me aventuraría a decir que muchos de los que viven en los países más ricos, más justos y más felices agradecen tener un Estado «presente» e «intervencionista», pero la realidad es muy llamativa en este sentido.
Hoy mismo el Papa Francisco destacaba ante los jueces y juezas argentinos la importancia del Estado en la realización del ideal de justicia social. Pienso que -aunque se trata de un asunto ideológico- don Carlos Zapata debería escucharlo o por lo menos revisar su insólita generalización y matizarla prudentemente.
El Estado no es, por definición, una maquinaria que fabrica pobreza y miseria. Ese será el Estado al que pertenece don Zapata, no el que yo veo en la práctica totalidad de los países del mundo, incluso en aquellos en los que rige la más amplia libertad de mercado.
No tengo por qué ser estatista ni dejar de serlo, pero creo que nuestro diputado nacional confunde individualismo con egoísmo (entre otras confusiones) y que su ceguera «libertaria» le está impidiendo de algún modo ver algunas cosas con claridad.
Sé perfectamente que el Estado es una forma contingente de organización de la convivencia, pero también sé que en casi 600 años los seres humanos no hemos sido capaces de inventar una forma mejor, y que si Ronald Reagan y Margaret Thatcher, con el poder que tenían, no llegaron ni siquiera a hacerle cosquillas al Estado del Bienestar, no creo -y lo digo muy respetuosamente- que lo consiga Zapata.
Pero, claro: soñar es gratis y los sueños, sueños son.