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  • Del Puerto del Callao a Salta
  • La celebración del Milagro en Salta es una de las manifestaciones religiosas más importantes del mundo y, al mismo tiempo, es también una de las más infravaloradas y peor promocionadas a nivel internacional.
Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativa

El proyecto de Edmundo Falú apunta lanzar el Milagro salteño al mundo, mediante una peregrinación transformadora permanente que, a diferencia de la Procesión de septiembre —masiva y local—, promueva la introspección y el intercambio cultural internacional durante los 365 días del año.



Falú propone que El Camino del Milagro comience en el Puerto del Callao, en Perú, a fin de recrear la histórica llegada de las Sagradas Imágenes al continente Americano en 1592. Los hitos principales del Camino serán las ciudades de Lima y Cusco en el Perú, Potosí y Tupiza en Bolivia y Humahuaca y Salta en la Argentina.

El autor del proyecto entiende que estos hitos representan la unión de la fe andina con la historia colonial y la identidad salteña.

El proyecto detalla con prolijidad la red de apoyo al Camino, con objeto de que el peregrino camine con tranquilidad (alojamiento escalonado, nodos gastronómicos, señalización inteligente, vigilancia híbrida, tecnología de emergencia, asistencia sanitaria, etc.).

Destaca, además, la necesidad de desarrollar una activa política de acuerdos internacionales, en la que el gobierno de Salta actúe como «el gran articulador».

En este sentido, Falú propone que la Argentina, Bolivia y Perú suscriban el «Tratado del Camino del Milagro» con objeto de facilitar el tránsito de los peregrinos y la homologación de los servicios.

Al mismo tiempo, propone también que la Arquidiócesis de Salta no solo se limite a bendecir el camino, sino que se encargue también de gestionar lo que se llamará el Pasaporte del Peregrino y se encargue de coordinar la entrega de la Salteña (equivalente a la Compostela) cuando los peregrinos arriben al Santuario del Milagro en la Catedral de Salta.

Se prevé también una intensa y estrecha participación municipal. Cada intendente del recorrido será padrino de su tramo, y estará encargado de garantizar la limpieza, el mantenimiento y la seguridad del mismo.

El proyecto convoca a historiadores y agrimensores para contribuir a la definición de las sendas, ya que asume que muchos tramos del antiguo camino real han sido absorbidos por rutas modernas o proviedades privadas.

También se propone que el Camino tenga un impacto medioambiental cero, destacando en este sentido la propuesta de que el manejo de residuos en zonas de montaña se efectúe con estrictos criterios de sostenibilidad.

Una primera etapa

Edmundo Falú propone una primera etapa del Camino, mientras se gestionan los acuerdos internacionales. Esta primera etapa tendría como punto de partida a la ciudad argentina de La Quiaca.

Entiende el autor del proyecto que el trayecto argentino rápidamente se podría declarar de interés turístico por parte de las provincias de Salta y Jujuy, ya que el impacto económico para ambas provincias será «enorme» y, por primera vez, se superaría la clásica estacionalidad del turismo.

«La Quebrada de Humahuaca y los Valles Calchaquíes ya son polos turísticos, pero el 'Camino del Milagro' les daría un propósito de permanencia que hoy no tienen», dice el autor.

Uno de los aspectos más cuidados de la iniciativa es el que detalla los beneficios económicos de la desestacionalización del turismo. Habla Falú de la transición del «turista de paso» al «peregrino de estancia», partiendo de la base de que mucho del turismo en el Norte del país es de excursión rápida. En cambio, el peregrino, por definición, camina o pedalea, lo que cambia radicalmente la economía.

El proyecto habla de «gasto capilar» (el peregrino consume en pequeños almacenes de pueblo, duerme en parajes alejados y utiliza servicios locales que el turista de "combi" ignora). Habla también de que el dinero llega directamente a la micro-economía regional y que se produce una rotación constante, desconocida en el turismo convencional que se agrupa en vacaciones de invierno o Semana Santa. Al contrario —dice Falú— «la fe y el senderismo de larga distancia atraen gente durante todo el año».

Un punto destacado en la evaluación de las proyecciones económicas del proyecto es la creación de empleo. El establecimiento del Camino requerirá de guías locales, de personal de mantenimiento de senderos, de transportistas de equipaje (servicio de shuttle de mochilas) y de gestores de albergues, a lo largo de todo el trayecto.

El proyecto El Camino del Milagro contiene, finalmente, detalles muy finos acerca de la organización de servicios, la cooperación entre el Estado y la sociedad civil, el desarrollo y apuntalamiento de manifestaciones culturales, como la gastronomía, el rol de las nuevas tecnologías en la seguridad y previsibilidad de los desplazamientos, los recursos financieros, la integración de las poblaciones locales y el compromiso de la autoridades.


Edmundo Falú



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