Una de las obras más notables del episcopado de monseñor Mario Antonio Cargnello ha sido la traducción al «lenguaje claro» de la tradicional Novena al Señor y la Virgen del Milagro, que hoy se reza con unas palabras que su redactor original —el presbítero Francisco Javier Fernández Pedroso— ni siquiera sabía que existían.
«Voy a ver si puedo dar una mano, no meterme en el colegio; soy jodido, soy metido, ¿para qué voy a joder a la gente?».
En otro pasaje de la entrevista, Cargnello revela también que algún cura —cuyo nombre no ha mencionado—, en vez de tratarlo de «eminencia reverendísima», como correspondería, y de besarle el anillo, lo trata de «che»:
«Ya un cura me dijo: 'Che, pero me vas a ayudar los fines de semana'. Ya pará, le digo, hasta ahí nomás, porque yo me quiero quedar en el pueblo».
Ya no solo es el muy familiar trato de «che» el que destaca, sino el hecho de que, se supone que hasta su muerte, los sacerdotes están muy concienciados de que su trabajo más intenso sucede durante los fines de semana. Según parece, Cargnello quiere acogerse a una jubilación sin domingos, para no tener que «laburar» los días consagrados al Señor. «¡Que laburen los giles!», ¿no les parece?
Sobre su salida de los áulicos pasillos episcopales, el Arzobispo también ha dejado su sello personal, al anticipar que no se plantea de ningún modo «convivir» con su sucesor. «No creo. No es mi estilo. El día que él venga, entregarle, salir por la puerta de la Catedral y rajar».
El prelado planea entonces su retirada como un «raje» hacia Catamarca, provincia de la que es oriundo y en la que dice haber pasado los mejores años de su vida. ¿Tan mal lo hemos tratados los salteños? ¡Con razón Cargnello quiere salir rajando de Salta!
Como cualquier buen jubilado que ha prestado servicios para la misma empresa durante más de 50 años, Cargnello solo piensa en el alivio del retiro («Ya me caigo... en serio») y en «salir rajando» en el mismo momento en que el Papa provea la plaza que él va a dejar.
Dejará su plaza de obispo, porque a la Plaza 9 de Julio la lleva en el alma. Tanto, que en la planificación de su futura casita en el pueblo de Santa Cruz, cercano a Valle Viejo, en Catamarca, le ha pedido al arquitecto que le ponga un balcón mirando al Sur y a 50 metros una réplica del monumento al General Arenales, con caquitas de paloma y todo.
¿Para qué vamos a joder a la gente, verdad?


