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  • Teología de tierra adentro
  • El presente artículo fue publicado originalmente del 6 de septiembre de 2023, con ocasión del comienzo del rezo de la Novena al Señor y la Virgen del Milagro en Salta. Transcurridos dos años, algunos medios de comunicación siguen llamando «pacto de fe» al «Pacto de fidelidad». Y el gobierno, por las suyas, le ha añadido al pacto el contenido del «amor», que es algo que se siente o no se siente y que, cuando se pacta, no es sincero.
Sagrada Imagen del Señor del Milagro, a las puertas de la Catedral de Salta
Sagrada Imagen del Señor del Milagro, a las puertas de la Catedral de Salta

La comunicación pública de Salta insiste en que los fieles y fielas del Señor y de la Virgen del Milagro se aprestan en estos días a renovar un «pacto de fe».


Lo que -Dios mediante,-se renovará el próximo día viernes 15 no es un «pacto de fe» sino el Pacto de Fidelidad. Es sorprendente que la Iglesia tolere (y en cierto modo, aliente) esta confusión de términos.

El Pacto de Fidelidad con los patronos (representación simbólica de la divinidad) es teóricamente posible, ya que supone un compromiso libremente aceptado de lealtad; pero no lo es un «Pacto de Fe», ya que la Fe en la primera de las virtudes teologales para los católicos, y, aunque la fidelidad supone la observancia de fe hacia otro, debe entenderse que ese otro es siempre un ser humano igual que nosotros, y no Dios.

Por consiguiente, la Fe (con mayúsculas, que es la fe en Dios) no puede ser objeto de consentimiento por quienes la profesan, sino, en todo caso, de asentimiento o admisión, dirigidos a lo que se considera verdad por estar basado única y exclusivamente en la revelación divina.

El Pacto de Fidelidad lleva a los fieles a decirle al Señor del Milagro: «Vamos a seguir siendo fieles tuyos» y no a decirle «Vamos a seguir creyendo en ti». «Credere non potest nisi volens», decía San Agustín.

La Fe -y los sacerdotes lo saben muy bien- no es algo a lo que se puede adherir y desadherir periódicamente y en base a la mera voluntad expresada en el consentimiento, como quien renueva un certificado de depósito a plazo fijo.

Si los comunicadores (y algunos curas ligeros) insisten en renovar un «Pacto de Fe» en vez del Pacto de Fidelidad, se estarán metiendo en unos buenos berenjenales filosóficos, cuando no, le estarán haciendo un enorme daño a la libertad de conciencia y libertad religiosa de las personas. Y todo por ahorrarle a ciertos comunicadores algunas letras en el titular de una noticia.

La dudosa validez teológica de tal «Pacto de Fe» compromete innecesariamente la alta autoridad (espiritual e intelectual) y la investidura del Arzobispo de Salta, quien seguramente tiene bastante más claro que los comunicadores y algunos funcionarios del gobierno en qué consiste la Fe y en qué se diferencia esta virtud de la fidelidad.

Titular de un diario de Salta

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