La condición de primera minoría otorga al bloque que ocupe esa posición ventajas en la distribución y la presidencia de las comisiones legislativas, normalmente distribuidas con un criterio de base proporcional al peso de cada bancada. El bloque mayor suele adjudicarse las comisiones más relevantes (Presupuesto, Asuntos Constitucionales, Legislación General, etc.), el siguiente obtiene algunas comisiones importantes y eventualmente bloques menores son relegados a comisiones de menor peso o a subcomisiones.
No es cuestión de sastrería
El presidente Milei prefirió no esperar hasta el 10 de diciembre, cuando Luis Petri y Patricia Bullrich dejarán sus ministerios y estrenarán sus funciones como diputado y senadora, para designar a sus sucesores. La decisión de Milei de designar como ministro de Defensa, en reemplazo de Petri —exradical mendocino cooptado por La Libertad Avanza—, al jefe del Ejército, general Carlos Presti, constituye una medida de gran densidad política. Más allá de la personalidad del futuro ministro y aún de las ideas (liberales) que se le atribuyen, su nombramiento como miembro del gabinete tiene un significado más profundo: pone prácticamente un punto final a la extendida penitencia que el sistema político impuso a las Fuerzas Armadas después de la derrota en Malvinas y de la retirada del régimen tiránico inaugurado en 1976 con el derrocamiento de Isabel Martínez de Perón.Algunos críticos de la medida han sostenido que debería mantenerse un civil en ese ministerio, pues eso permitiría “garantizar la subordinación militar al poder político y evitar retrocesos en materia institucional”. Se trata, en el mejor de los casos, de argumentos candorosos. Las desobediencias o insubordinaciones no dependen de criterios de sastrería: el gobierno de Isabel Martínez tenía un ministro de Defensa civil cuando ella fue desplazada de la Presidencia y Raúl Alfonsín tenía un ministro civil cuando tuvo que sobrellevar la desobediencia carapintada.
Antecesores de Presti en la jefatura del Ejército, de distintas envergaduras e ideas, han coincidido en cuestionar aquel tipo de reparo. Si bien las opiniones negativas surgieron principalmente de filas kirchneristas, el general (RE) César Milani, a quien se le han adjudicado esas simpatías políticas, se diferenció de ellas. “Nombrar a un militar en la conducción de Defensa no solo no es un retroceso: es una decisión que el peronismo debió tomar hace décadas —sostuvo Milani—. Lo lamentable no es la presencia de un militar conduciendo Defensa, sino que ese militar responda al ala liberal que históricamente perjudicó a la institución”.
El general Martín Balza, que fue jefe del Ejército en la década del 90, consideró que “no hay nada que inhabilite al militar, como en este caso, para ser ministro (…) lo que no concibo son ciertas declaraciones que fueron un desprecio hacia los militares, porque dijeron que era un retroceso para la democracia que un militar sea ministro de Defensa”.
Por su parte, el general Martín Paleo, que fue jefe del Estado Mayor Conjunto hasta 2024 y durante la carrera fue dos veces jefe inmediato del general Presti, se explayó sobre el tema y consideró que aquellos argumentos son “absolutamente discriminatorios. Están diciendo, en términos reales y concretos, que un taxista, un plomero, un portero, puede ser ministro, pero no puede serlo un militar; denigra un poco la condición del militar, al decirle que por la condición que tienen, no pueden hacerlo. Ahora, tuvimos tres ministros que fueron parte de las organizaciones guerrilleras, montoneros, que atentaron contra gobiernos constitucionales. El ministro Taiana, Garré y Patricia Bullrich atentaron abiertamente, o formaron parte de organizaciones que atentaron contra el orden constitucional. Ellos pueden ser ministros y pueden ocupar cualquier cargo, pero el militar, como Presti, que estaba en la primaria cuando fue el golpe del 76 porque tenía 10 años, no puede ser nada más o no debería ser por su sola condición de militar”. Entrevistado por Jorge Fontevecchia, Paleo se extendió: “Es bueno que se designe un militar en el rol de ministro de Defensa, o al menos no es malo ni está prohibido tampoco. Institucionalmente tengo una filosofía muy institucional y republicana. De hecho, mi militancia en política justamente está en un partido republicano. Y creo que, en esos términos, hubiera sido conveniente que este rol lo ejerciera desde la situación de retiro (…) yo creo que el rol de ministro de Defensa es extraescalafonario: no está en el escalafón militar. El oficial se inicia como subteniente y jefe de sección y termina como teniente general, brigadier general o almirante, como jefe del Estado Mayor, y uno como jefe del Estado Mayor Conjunto. Ese es el máximo rol que puede ocupar un militar en actividad. Es decir, el cargo de ministro de Defensa no es un cargo más, porque no es estrictamente militar”.
Es probable que a principios del mandato de La Libertad Avanza una iniciativa como la designación del general Presti se la habría adjudicado a la vicepresidenta, Victoria Villarruel, a quien se asignaba el rol de vínculo libertario con “la familia militar”. Pero la vice hoy está lejos de la Casa Rosada y la iniciativa de la designación tiene el sello Milei: una idea de Karina, la secretaria general de la Presidencia, entusiastamente concretada por su hermano, el jefe del Ejecutivo. Entre los rasgos que identifican la fuente de la decisión hay que contabilizar el escaso interés en los detalles. Por ejemplo, Presti, que en tanto comandante del Ejército es subordinado del jefe de Estado Mayor Conjunto, brigadier general Xavier Isaac, pasará a tenerlo a Isaac como subordinado cuando asuma el ministerio. Ese intríngulis, sumado al hecho de que Presti es de una promoción menor a Isaac, obligaría a este a pedir el retiro. Lo curioso es que hasta hace una semana era el aviador Isaac quien sonaba para ascender a la titularidad de la cartera y ahora deberá aterrizar en la condición de retirado.
La influencia y la confianza
El ministro saliente, Luis Petri, asumirá como diputado nacional y empezará a trabajar para competir en 2027 por la gobernación de Mendoza, probablemente enfrentando a su antiguo partido, la Unión Cívica Radical. Petri no pudo entregarle el sillón en Defensa a su jefa de Gabinete, Luciana Carrasco. Aunque se reconoce a la técnica un conocimiento amplio de la materia, la Casa Rosada prefirió jugar fuerte y empujar a un general en actividad, con una nutrida foja de servicio.La influencia que le faltó a Petri para coronar una heredera le sobró a Patricia Bullrich para colocar a cargo de la cartera de Seguridad a su candidata, hasta ahora secretaria de Estado, la cordobesa Alejandra Susana Monteoliva. Bullrich, que se convertirá en armadora de La Libertad Avanza en el Senado, tenía garantizada esa sucesión por los hermanos Milei y lo sugería discretamente, declarando que “estaría mal que yo me anticipe a declarar lo que anunciará en su momento el Presidente”. Bullrich hace valer su capital político: es la dirigente oficialista mejor valorada según las encuestas y cuenta con una experiencia polifacética, que no abunda entre los cuadros de La Libertad Avanza. En algunos aspectos, ella se ha constituido en un lado más del polígono de poder que alguna vez solo fue un triángulo, pero que ha mudado su geometría al incorporarla y al relativizarse parcialmente el espacio de Santiago Caputo, de protagonismo en retroceso.
Bullrich ejerce una autonomía de criterio que no la favorece para ganar los niveles de confianza que supo acreditar el joven Caputo ni los que Javier y Karina Milei conceden a Manuel Adorni. Allí surge un eventual pronóstico de tormentas: no es un secreto que, en el abanico de destinos posibles que escruta Bullrich, quizás el más tentador es competir en 2027 por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, reemplazar el apellido Macri e iniciar una construcción nacional apalancada en la ciudad autónoma. Tampoco es un secreto que Karina Milei preferiría que el candidato para ese proyecto fuese un personaje “de la casa”, como Adorni. Habrá que observar con atención cómo juegan sus cartas todos los interesados.
Un escenario análogo puede plantearse en la provincia de Buenos Aires; en este caso está claro —él lo confesó sin complejos— que el ministro del Interior, Diego Santilli, tiene la expectativa de conseguir la candidatura del oficialismo en la carrera por suceder a Axel Kicillof en el mando bonaerense. Pero, como Bullrich, aunque se le reconocen las cualidades y se admiten sus méritos en la victoria electoral de octubre en el distrito, seguramente tendrá que competir con alguien que acaricia el mismo objetivo: el fiel lugarteniente de Karina, Sebastián Pareja, hábil arquitecto de la estructura partidaria del mileísmo en la provincia.
Es quizás demasiado temprano para bosquejar esos escenarios, pero los tiempos marchan con mucha celeridad y, además, la ausencia (veremos cuánto dura) de una vereda de enfrente insensiblemente va diagramando espacios y conflictos potenciales en el sector que muestra vitalidad, control y esperanzas de perduración.
