El Presidente puso en funciones a Diego Santilli y se reunió con sus congresistas para reclamarles que saquen adelante varias iniciativas importantes del Ejecutivo. Milei quiere modificar la carta orgánica del Banco Central (pretende eliminar el artículo incorporado a ese documento en 2012 que amplió las atribuciones del organismo para convertir en misión única del Central frenar la inflación).
Con esa cláusula se pretende tentar la proverbial pulsión recaudatoria que campea en las provincias, pero estas tomarán en cuenta, sin duda, las reticencias manifiestas a la ideología que inspira el proyecto de parte de la Iglesia y de muchos especialistas en defensa nacional.
Milei también puso énfasis en pedir que el Senado ratifique el régimen de zonas frías que votó Diputados, que redujo sensiblemente la cantidad de provincias y municipios protegidos por esa ley, redujo el monto de los descuentos energéticos para todos esos beneficiarios y cargó a las zonas que no reciben ese tratamiento con un incremento tributario: de ese modo, varios millones de usuarios no solo perderán beneficios anteriores, sino que recibirán el castigo suplementario de ese aumento. La oportunidad en que el oficialismo debe encarar este tema (con una ola polar congelando buena parte del país) no es la más cómoda para ganar voluntades ni para conservar respaldos que había cosechado en la Cámara Baja.
Paso y colectoras
Otro tema de interés presidencial que Milei transmitió a sus legisladores fue la reforma política, cuyo eje es la eliminación de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. En La Libertad Avanza consideran que las PASO ayudarían a la oposición a tramitar sus diferencias internas e inclusive podrían permitirle soldar identidades contradictorias en una alianza destinada a derrotar a Milei. Con un número de legisladores que el último comicio le permitió engrosar pero que sigue siendo escaso si no encuentra socios, el mileísmo está dispuesto a ofrecer a fuerzas políticas del arco no peronista (principalmente el PRO y la UCR) la aprobación de un régimen de colectoras (listas diferenciadas de candidaturas legislativas que coinciden en un mismo candidato a Presidente, en este caso, Javier Milei). El postulante presidencial sumaría los votos de las diferentes colectoras y habría competencia entre las boletas a diputados. En algunas oportunidades se aplicó este método. Un caso modelo ocurrió en 1963: el general retirado Pedro Eugenio Aramburu –que había ejercido la presidencia en el marco de la llamada “revolución libertadora” después del derrocamiento del general Eduardo Lonardi– fue candidato por dos fuerzas, UDELPA (con Ricardo Lavalle como postulante a vice) y el Partido Demócrata Progresista, fórmula Aramburu-Horacio Thedy (uno de sus slogans de campaña era “Vote y no vuelven”, un lema que atraviesa las décadas). Aquellas las ganó el cordobés Arturo Illia, por la UCR: obtuvo poco más del 25 por ciento de los votos emitidos. En esos tiempos, con el peronismo proscripto, no hacía falta poner en práctica el balotaje.Principismo y posibilismo
Tanto en el seno del Pro como entre los radicales hay líneas principistas y posibilistas. En el Pro, hasta hace una semana se podía contar entre los principistas a Esteban Bullrich, uno de los iniciadores de la organización amarilla, pero ya no está más en el partido: decidió renunciar porque vio cosas que no le gustaron en la relación con el gobierno. "Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen", le dijo por carta a Mauricio Macri. Menos explícitos, hay otros líderes del Pro que tampoco quisieran sumarse a los libertarios ni hacer acuerdos con ellos, y el propio Macri parece inclinado a esa tesitura, mientras otros dirigentes –el jefe del Pro bonaerense, Cristian Ritondo, y hasta el flamante jefe de gabinete de Milei, Diego Santilli, que no renunció a su afiliación macrista– parecen convencidos de que es buen negocio para el Pro acompañar al gobierno libertario, consolidar una fuerza parlamentaria a su sombra y beneficiarse de ser parte del poder nacional.Entre los radicales también hay divergencias de esta naturaleza, lo que hace difícil por el momento que los libertarios puedan llegar con éxito a anular las PASO en las próximas sesiones del Congreso. Hay mucho que negociar.
La presencia de Diego Santilli en el vértice del gabinete mileísta, ocurrida como fruto del fatal desgaste de su antecesor, consolida una etapa nueva en la gestión libertaria, donde ahora, sin abandonar la cautela y la prevención, se confirma un giro significativo: es una apertura realista a los métodos de la política profesional, consolida el diálogo con los gobernadores aliados y entorna la puerta para cooptar a los cuadros posibilistas del centroderecha y mejorar la calidad de su propia fuerza partidaria. Veremos si la potencia se convierte en acto.