La preocupación no solo es inédita sino hasta ridícula, solo si comparamos la tasa de desempleo que dejó el gobierno de Urtubey a finales de 2019, y la misma tasa cinco años después, en 2024.
Cinco años después, durante el cuarto trimestre del año 2024, cuando Urtubey ya no era Gobernador, la misma tasa de desempleo en Salta fue del 6,7%.
Son estas cifras realmente paradojales si se acepta lo que dice Urtubey en cuanto a que «el proceso de recuperación y crecimiento de la economía luego de la fuerte crisis de principios de este siglo trajo aparejado un crecimiento del empleo registrado a una tasa muy superior a la del crecimiento del PBI».
Si durante el periodo al que se refiere Urtubey el empleo creció «a una tasa muy superior» a la del crecimiento del PIB, ¿cómo es posible que en Salta, durante su gobierno (2007-2019) la tasa de desempleo hubiera aumentado de esa manera?
La situación no puede ser más kafkiana, si se tiene en cuenta también que entre 2007 y 2017, bajo el gobierno de Urtubey, la planta de agentes del Estado creció un 52%, hasta superar los 75.000 burócratas. Ni con este brutal aumento consiguió Urtubey mejorar las cifras del empleo en Salta. De no haber incrementado el empleo improductivo en unas 30.000 personas, el desempleo en Salta habría alcanzado niveles astronómicos.
En doce años de gobierno, Juan Manuel Urtubey no ha mostrado ninguna afinidad ni empatía con los trabajadores, sino más bien todo lo contrario.
En 2016, uno de los que en las últimas elecciones se improvisó como aliado suyo —el sindicalista camionero Jorge Guaymás— calificó al entonces Gobernador de Salta como antiobrero y dijo para confirmarlo que Urtubey apoyó el veto a la ley antidespidos y a la ley antitarifazos, y rechazó el bono de fin de año. Lo hizo, además, en FM Aries, la misma emisora en la que Urtubey hoy publica sus inolvidables columnas.
Prácticamente todas las decisiones del gobierno de Urtubey en materia laboral estuvieron orientadas a contentar a la Unión Industrial Argentina, cuando no a tutelar abiertamente los intereses de los patrones. Dicho en otros términos, Urtubey hubiera firmado con sumo gusto una reforma laboral regresiva y antiobrera si la UIA se lo pedía.
Pero tal reforma no fue necesaria, puesto que con una tasa de trabajo no registrado superior al 50% en Salta, ningún patrón necesita de más flexibilidad. Urtubey les garantizó durante 12 años la explotación de facto de unos 200.000 trabajadores, sin apenas inquietar a los industriales, aun sabiendo que los convenios colectivos, cuya sacralidad el exgobernador defiende hoy como si fuesen las Tablas de Moisés, no rigen en absoluto para quienes trabajan en negro.
Urtubey, como Romero, reprimió con energía, entusiasmo y convicción la protesta social. Docentes y trabajadores municipales fueron sus víctimas favoritas. Es todavía icónica la imagen de su Jefe de Policía empujando desde atrás a las fuerzas antidisturbios convocadas para disolver una manifestación obrera.
Es muy difícil —por no decir imposible— pasar de ser antiobrero a obrerista en solo unos pocos meses. Aun para Urtubey, que ha pasado de católico antiabortista a divorciado alejado de la iglesia, partidario del aborto; o de kirchnerista a antikirchnerista y luego nuevamente kirchnerista.
Con aquellos que experimentan alergia ante un cuello azul pasa como con aquellos comunistas que dicen que han dejado de serlo. Pero hay una verdad incontrovertible que dice: «No se puede ser excomunista como no se puede ser exboludo».
