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  • El daño ya está hecho
  • Que la justicia de Salta es muy injusta es algo que sabemos muy bien desde que a don Artidorio Cresseri se le ocurrió bautizar con los apellidos del juez que le perdonó sus pecados a la zamba que hoy cantamos orgullosos como «Himno de Salta».
Imagen ilustrativa
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Desde entonces, mucha agua se ha escurrido por el canal de la Yrigoyen, que no solo pasa por el frente de la cárcel de Villa Las Rosas, sino que se lleva en su mefítico torrente algunas de las velas que no lograron agarrarse como percebes a la roca al fantasmagórico santuario de la Juana Figueroa.



Los más desafortunados de la sociedad —entre ellos, la propia Juana, víctima de los celos enfermizos de Fierrito Heredia— lloran sus penas junto al canal, mientras los otros —los menos desafortunados— venden terrenos inhabitables en imaginarios loteos marginales, o se dedican a endeudar a sus congéneres con expropiaciones mayestáticas, decididas no solo de espaldas al Derecho Administrativo, sino también en abierta violación de las normas internacionales sobre inversiones extranjeras.

En un caso (el del vendedor de las charcas infectas) el universo de sus estafados puede, con suerte, alcanzar el significativo número de mil. En el otro (el del expropiador mayestático) el daño se proyecta sobre 1.500.000 salteños.

A cada uno de estos salteños se les ha inundado el rancho al enterarse de que el CIADI confirmó la desestimación del último recurso de apelación del Estado argentino contra el laudo arbitral que le obliga a indemnizar a Casinos Austria hasta por las estampillas que tuvo que pegar en sus cartas documento.

Ese organismo internacional, cuyo objetivo principal es el de proporcionar un marco neutral, imparcial y especializado para resolver conflictos a través de arbitraje y conciliación, ha dicho que por una decisión ilegal y arbitraria de un gobernante, los salteños tenemos que pagarle al perjudicado por tal decisión unos cuarenta y cinco millones de dólares estadounidenses. ¿Aceptarán los austriacos como parte de pago unos terrenitos linderos con el río Arias con vistas a la próspera Atocha? Podríamos intentar esa solución «in-extremis».

Ante semejante cuadro desgarrador, los fiscales han salido a la calle a meter preso al vendedor de terrenos inundables; pero no al supremo perjudicador, que todavía campa por sus respetos y hasta se da el lujo de impartir lecciones de democracia y justicia social en lugares muy alejados de Salta.

Hasta el momento, ningún miembro del Ministerio Público Fiscal ha dicho «esta boca es mía» en relación con el escándalo mayúsculo de la condena internacional.

Es muy probable que, como ya sucedió antes, ninguno abra la boca, por temor. El mismo temor que ya no inspira el movedizo letrado de los estrambóticos tatuajes. Un temor que, sin dudas, merece una recompensa. Quizá musical.

Por eso es que si a alguien en estos días se le ocurre escribir una zamba al estilo chileno, es muy probable que en las décadas venideras, nuestros nietos y bisnietos amenicen sus asados y comilonas cantando «La Ramos Ossorio».

«Yo quisiera olvidarte...».



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