En un primer momento, Romero creyó que –como a Taylor Swift– le estaban pidiendo un selfie, pero los educados gendarmes rápidamente le aclararon que por orden de la superioridad debían fotografiar a todos los «candidatos y funcionarios».
Lo curioso es que la información que sobre el inusual incidente publica el diario El Tribuno no aclara si Romero finalmente accedió o no a la amable requisitoria fotográfica de los gendarmes.
Sea como fuere, el senador dijo que si la presencia foteadora de la gendarmería en los lugares de votación no se aclara rápidamente, acudirá en queja al Ministerio de Seguridad (al federal, por supuesto) y, en su caso, consultará la situación con el Tribunal Electoral (el provincial, por supuesto), ya que considera que se podría haber violado sus derechos como elector.
Con mucho criterio, Romero planteó: “Desconozco por qué Gendarmería está participando en esta elección. Es una consulta que haré al Tribunal Electoral. Me pareció extraño que ellos puedan tomar fotos, pero no los ciudadanos”.
Una de las explicaciones posibles es que los gendarmes hayan dudado de la nacionalidad argentina del senador y que la ministra Bullrich los haya mandado a husmerar en las mesas electorales salteñas para «cazar» votantes extranjeros que fueron irregularmente incluidos en los padrones nacionales.
Lo grave del asunto es que el Tribunal Electoral tiene terminantemente prohibido sacar fotos en los lugares de votación. Una regla que parece que rige solo para «originarios y criollos» pero no para los polivalentes y ubicuos gendarmes.
Solo faltó que, además de la foto, los gendarmes mandaran a sus perros a olisquear a nuestro prohombre.