Es como si alguien hubiera encendido una pastilla de gamexane (recurso que se utilizaba en alguna época para forzar la suspensión de las clases cuando había un examen bravo). Todos salieron corriendo. Menos Urtubey.
A Urtubey se le debe atribuir no solo el mérito de haber espantado al 90 por cien de los partidos que conformaban el frente, sino de haber derechizado al Partido Justicialista de Salta, intervenido desde Buenos Aires por personas situadas en los antípodas ideológicos.
Parece ser que ni aun el Urtubey más mediático, el proabortista, el excatólico, el que «ya dio todo por Salta», el predestinado, o el tocado por el dedo mágico del Pontífice fallecido, convence a estos socios que se muestran tan exigentes de un pasado limpio y comprometido con las causas populares.
A pocos días de su cumpleaños número 56, lo que necesita Urtubey no es otra peregrinación sino un auténtico milagro.
Un milagro que lo libre de la filosa lengua de los «zurdazos» de Salta, de esos mismos que han experimentado una suerte de reacción alérgica con ocasión del anuncio de su candidatura y que ahora buscan a alguien que represente mejor lo que ellos sienten y practican.
