Así como es razonable y previsible que el PSOE salga a apoyar al deslenguado ministro, no es ni razonable ni aceptable que el mismo apoyo haya sido expresado por el propio Gobierno, a través de su vicepresidenta.
La razón es muy simple: El artículo 97 de la Constitución Española atribuye al Gobierno (órgano del que forma parte Puente) la potestad de dirigir la política exterior del Estado -se supone que en consonancia con las líneas trazadas en el Preámbulo, que expresa solemnemente la voluntad de la Nación española de «colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra»-.
Es decir que el Gobierno -porque no el PSOE- está obligado a mantener las buenas relaciones con las demás naciones y a respetar a los jefes de Estado extranjeros, por lo menos en la misma medida que las naciones extranjeras respetan al Jefe del Estado español que, por cierto, no es el Presidente del Gobierno.
El PSOE ha dicho que la respuesta de Milei fue «desproporcionada» (suponemos que en relación a la ofensa recibida); o lo que es lo mismo que el Presidente argentino «overreacted» frente a la calificación de «mala persona» que hizo un ministro del Gobierno, que además insinuó que el Jefe del Estado argentino «consume sustancias».
Me pregunto cuál sería en este caso una reacción «porporcionada». Tal vez el PSOE esperaba que el señor Adorni declarase desde su tarima que Milei en realidad se desayuna con hongos alucinógenos y que sobre la faz de la Tierra no hay ninguna semilla más mala que él. O quizá esperaba que Milei saliera en la televisión a decir (como en aquel chiste del albañil cordobés) «Óscar: Pon más atención en tu tarea».
Si por un «quítame allá esas denuncias de corrupción» Pedro Sánchez tuvo a media Europa en vilo durante cinco días y montó un escándalo monumental en el que metió a jueces y periodistas casi sin hacer ninguna distinción, poniendo al país al borde de una grave crisis institucional, ¿por qué Milei tiene que ser «porporcionado» a gusto del PSOE? ¿Fue «porporcionado» el paripé de Sánchez?
Me parece que esto no es un «error diplomático» sino que más bien es una forma de demostrar que algunos altos cargos españoles no conocen a Milei ni por las tapas. Puente le ha arañado los garrones a Milei y este, como era de esperar, disparó a la cabeza, sin miramientos.
A mi modo de ver, don Óscar Puente -el ministro «matón», como lo definió la Ministra de Seguridad- no hizo mejor cosa que llevar a Milei al terreno que el Presidente argentino mejor domina: el del cuerpo a cuerpo dialéctico. Si se me permite la analogía, diría que lo que hizo este buen hombre -tan listo él- es como dejarle a Messi una pelota muerta en el punto del penal. Milei solo tenía que empujarla, ¡y vaya si la empujó!
Creo, muy respetuosamente, que en estos momentos el presidente Sánchez -y el Gobierno en su conjunto- tienen en su interior lo que Maradona dijo alguna vez que tenían algunos periodistas y que no necesito repetir aquí.
Esperar «proporción» y «prudencia» de Milei frente a un insulto, así sea el más leve, es como esperar que la mulas tengan cría o que los reptiles recuperen su aptitud para el vuelo.
En mi opinión, no es el partido el que debe salir a justificar o a disculparse. Es el propio Puente quien debe hacerlo.
Y si no lo hace, nos enfrentamos a un abanico de situaciones que muy bien ha esquematizado el genial Beltrán Gambier, pero que a mi modo de ver se reduce solo a dos: una disculparse como un caballero, y dos, convertirse en el primer alto cargo del Gobierno de España destituido por irse de la lengua y ofender al Jefe del Estado de un país amigo.
Si Milei consigue una cosa como esta, su hasta ahora exitoso combate contra la inflación va a quedarse en una mera anécdota.
