No por esperado, este anuncio deja de tener algunos detalles que vale la pena comentar.

Dejemos por un momento de lado la confusión técnica entre «unidad nacional» y «concentración nacional», porque al Maestro Ciruela (el mismo que no sabía leer y puso escuela) no se le puede andar pidiendo sutilezas. Y centrémonos en esto de «en serio», expresión breve con la que se nos quiere decir que si alguna vez en la historia de la Argentina hubo algo parecido a un gobierno de unidad nacional, esta unidad fue «en joda».
De hecho ha de ser así, porque si la incorporación de Urtubey -solo hasta ayer schiarettista- a un hipotético y eventual gabinete de Massa es expresivo de la «unidad nacional», todo esto no tiene más seriedad que una danza endogámica entre peronistas de diferentes tribus, algunas más originarias que otras.
Y también podríamos hablar una hora de la caricatura del gobierno como «herramienta transformadora», que rezuma voluntarismo peronista por los cuatro costados, sin hablar de la patética serie de escritos de Urtubey en FM Aries sobre la deriva del gobierno kirchnero-massista sobre el dólar y otras espinosas cuestiones económicas, con las que dejó muy claro sus discrepancias con las políticas del actual gobierno.
Las páginas pueden darse vuelta para adelante y para atrás. Le faltó a Urtubey -conocido reaccionario- decir para qué lado del libro tornará la página.
Y eso no es nada, pues Urtubey apoyó al actual gobierno, al anterior, al anterior del anterior y al anterior del anterior del anterior, que, por cierto, integró en algún momento su tío Julio Mera Figueroa, uno de los primeros menemistas de la Argentina, padrino y mentor político del joven Juan Manuel, quien poco después sería uno de los jóvenes bendecidos por el antimassista Juan Carlos Romero.
Si ser demócrata es acostarse con todos y casi al mismo tiempo, pues es que yo soy todo lo contrario.
Después de tanto deshojar la margarita, de tantas noches en blanco con fantasmas danzando en la habitación por un voto no decidido, tengo que admitir que Urtubey me lo ha puesto fácil: Si hay un lugar en el que él esté, de ese lugar y de las personas que lo habitan huyo como de los áspides más venenosos.
La decisión de mi disputado voto se la debo, en primer lugar a la filosofía de Seinfeld del «do the opposite», y en segundo lugar a Urtubey, que durante los últimos 30 años me ha ayudado a precisar, por contraste, lo que es la verdadera democracia.
Si alguien como el exgobernador de Salta (un verdadero GPS humano) dice que vota a Massa y cuando lo dice se define a sí mismo como «un defensor de la democracia», sé exactamente qué es lo que no tengo que hacer.
