Los mercados determinaron el lunes 14 una devaluación de aproximadamente el 12 %, que se redujo en los días posteriores al 9 %, con un dólar a 1.140 pesos, cerca del borde inferior de la banda de flotación.
La doctrina y la realidad
Para reforzar su confianza en que el dólar seguirá bajando, Milei ordenó no comprar billetes estadounidenses mientras la cotización no supere el límite de 1.000 pesos. Por supuesto, estas órdenes no eran para el Banco Central, que, como es sabido, es independiente. Sin embargo, la indicación parece contradecir el compromiso asumido con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que exige acumular al menos USD 4.000 millones en reservas netas para aprobar el examen de fines de junio. Tal vez el gobierno confía en que esas reservas se acumulen gracias a la liquidación de exportaciones del sector agropecuario. Para fomentar esa confianza, el presidente lanzó un recordatorio contundente al sector: en junio se volverán a aplicar retenciones. «Avísenle al campo que, si tienen que liquidar, liquiden ahora», urgió. Muchos productores interpretaron este aviso como una extorsión. El presidente de la Sociedad Rural, que mantiene una buena relación personal con Milei, intentó equilibrar la situación: «La certeza que puedo dar —dijo— es que el campo no liquida, porque los que liquidan son los exportadores, y el presidente lo sabe bien».Aunque el cepo no se levantó por completo, la consigna oficial fue cierta para las personas físicas, que, si bien en efectivo solo pueden comprar USD 100, pueden adquirir todo lo que deseen con pesos bancarizados. Los ahorristas se apresuraron a ejercer este nuevo derecho: el lunes 14 compraron USD 500 millones; en los días siguientes, las compras disminuyeron ante la evidencia de que la cotización no subía, sino que descendía.
Todo indica que, fortalecido por la inyección de reservas proporcionada por el FMI y otras entidades del sistema financiero mundial, el gobierno se esforzará por mantener el dólar bajo control para evitar que un ascenso inesperado impacte en el índice inflacionario. Según la visión económica del presidente, el precio del dólar no debería influir en los demás precios. «Si sube el precio de la papa —explicó didácticamente—, ¿eso va a generar inflación en toda la economía? ¿El precio de la papa? El dólar es solo un precio más. La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario causado por un exceso de oferta de dinero. Aquí, la condición que cambia es que la cantidad de dinero está fija».
A Dios rogando…
No obstante, siguiendo el dicho «a Dios rogando y con el mazo dando», el gobierno actuó sobre actores clave e instruyó a grandes supermercadistas para que no aceptaran aumentos en las nuevas listas de precios de proveedores importantes, quienes —quizá por desconocer los fundamentos económicos del presidente— habían aplicado incrementos equivalentes a la devaluación del peso. Lo mismo ocurrió con las empresas de medicina prepaga, que anunciaron aumentos similares al índice de inflación de marzo.El gobierno se esfuerza por validar las conclusiones teóricas del presidente y evitar que, debido al nuevo esquema cambiario (que sinceró la devaluación reclamada por el mercado), la inflación de los próximos meses supere el 3,7 % registrado en marzo. Sin embargo, el fenómeno monetario de abril podría ser más alto, y algunos analistas prevén lo mismo para mayo. Para el gobierno, enfocado en las elecciones de octubre —cuando aspira a convertirse en la primera fuerza nacional, ampliar su representación legislativa y consolidar una estructura territorial—, es crucial llegar a las urnas habiendo controlado el actual rebrote inflacionario, que hasta ahora caracteriza lo que la comunicación oficial denomina «Fase 3» del plan económico. No es una misión imposible. El FMI estimó, quizás con exceso de optimismo, que la inflación anual de 2025 sería del 18,3 %. Hasta ahora, se acumula un 8,39 % en tres meses, con incrementos sucesivos: 2,21 % en enero, 2,40 % en febrero y 3,73 % en marzo. Para alcanzar la proyección del FMI, los índices mensuales deberían rondar el 1 % hasta diciembre, algo que parece improbable.
Volver a enero
El último relevamiento de expectativas del mercado, realizado por el Banco Central entre especialistas, proyecta una inflación del 27,50 % para el año, tras ajustar en 18 puntos la estimación anterior debido al 3,7 % de marzo. Para cumplir este pronóstico, sería necesario un promedio mensual del 2,4 % hasta fin de año, recuperando los índices de enero y febrero. No será el 1 % que a veces prometen los propagandistas libertarios, pero no parece un mal resultado para enfrentar el desafío electoral de octubre.Por supuesto, una elección no depende solo de resultados económicos aceptables: otros factores influyen, desde la valoración internacional hasta las características y estilos de los candidatos y la capacidad de generar entusiasmo en el electorado.
Las elecciones constituyentes en Santa Fe, celebradas el último domingo con un elevado ausentismo, sugieren que el entusiasmo no abunda entre los votantes. En ese contexto, la victoria del gobernador Pullaro en una contienda que definía la posibilidad de incorporar la reelección en la constitución provincial indica que los liderazgos siguen siendo relevantes. Pullaro es una figura fuerte y colaborativa en la provincia (y en la región Centro, donde suele aliarse con gobernadores de otros partidos, como Rogelio Frigerio, de Entre Ríos y del PRO, y Martín Llaryora, el peronista que gobierna Córdoba).
El resultado en Santa Fe dejó otra lección que los actores políticos deberán considerar: los libertarios, que quedaron en tercer lugar, podrían haber alcanzado el segundo si no hubieran rechazado la unidad con la fuerza afín liderada por María Granata. La negativa a sumar fuerzas por parte de los estrategas libertarios resultó en un mal desempeño. Este hecho, que ahora se debate al interior del oficialismo, es relevante para el objetivo libertario de encarar la segunda mitad del período presidencial con mayor fuerza propia y más aliados en el Congreso. De aquí a octubre, habrá más pruebas electorales en las que el oficialismo deberá decidir si mantiene su intransigencia táctica o busca consolidar alianzas.