Antes de que se conociera esta decisión, el gobierno federal argentino envió a Aguas Blancas a un ejército poderosísimo y endureció de forma notable los controles humanos y económicos en la frontera. Una mayoría ha aplaudido estas decisiones y muy pocos las han visto como un gesto hostil hacia nuestros vecinos.
A mí personalmente me parece un poco inútil poner una alambrada allí donde el límite físico está constituido por un río caudaloso y difícil de vadear, pero no veo que la situación jurídica cambie en lo más mínimo. No se trata de erigir una nueva frontera y de hacerlo de forma unilateral; tampoco veo que la valla sea incompatible con los acuerdos migratorios vigentes entre Bolivia y la Argentina, que no prevén los breves desplazamientos transfronterizos.
Lo que quiero decir es que la erección de la alambrada no es la medida más simpática del mundo; pero entre un «muro humano» (representado por el despliegue de fuerzas federales) y un «muro físico» no veo demasiadas diferencias morales. Y si no hemos condenado lo primero, no veo que tengamos que escandalizarnos por lo segundo.
De lo que me permito dudar es de que una alambrada tan breve como la proyectada sea contraria al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
Quisiera poner como ejemplo las vallas que existen en el país en el que vivo.
Las que rodean a las ciudades de Ceuta y Melilla (8 y 12 kilómetros, respectivamente) existen desde hace mucho tiempo y si bien es verdad que reciben muchos cuestionamientos, entre morales y jurídicos, muy pocos se han animado a hablar de un atentado contra la pacífica convivencia entre los pueblos.
En algún momento se dijo que las vallas que separan estas dos ciudades autónomas de Marruecos eran incompatibles con el Convenio Europeo de Derechos Humanos, pero no por el obstáculo físico que representan, sino por la decisión del gobierno español de reforzarlas con cuchillas o concertinas capaces de hacer mucho daño a las personas que intentan sortearlas.
Pero hay que recordar que las cuchillas fueron introducidas en 2005 por el gobierno del presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero y que fueron suprimidas en 2013, vueltas a colocar en 2020, y ahora reemplazadas por otras defensas inertes menos agresivas.
Tampoco veo en la brevísima «valla salteña» (40 veces menos extensa que la de Ceuta y 60 veces menos que la de Melilla) un elemento imprescindible para el orden y la seguridad en la frontera, como han dicho algunos. Con tantos militares desplegados, pienso que una alambrada de solo 200 metros se antoja ridícula y poco efectiva. Pero si alguien llegara a necesitarla, no creo que se deba consultar a Bolivia, ni siquiera como forma de cortesía.
Lo que realmente atenta contra la convivencia pacífica en aquella porción del territorio es el delito. Por tanto, pienso que lo que no se puede hacer es armar un escándalo por una alambrada de 200 metros sin arriesgarse a que los demás piensen que quien se opone está a favor de las mafias y del delito transfronterizo.
