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  • Un hábito que mata
  • Parece que cuando el gobierno de Salta se decide a publicar en su página web oficial un recordatorio del Día Mundial sin Tabaco, lo hace solo para cumplir. Por el qué dirán.
Esteban Amat Lacroix, presidente de la Cámara de Diputados y la de los tabacaleros de Salta
Esteban Amat Lacroix, presidente de la Cámara de Diputados y la de los tabacaleros de Salta

No creo que el gobierno de nuestra Provincia esté sincera y genuinamente preocupado por las espantosas consecuencias (sociales, medioambientales y sanitarias) del cultivo del tabaco, desde el momento en que sus funcionarios alientan con entusiasmo su producción, aun a sabiendas de que el consumo de tabaco se encuentra en franco retroceso en casi todo el mundo a causa, precisamente, de las graves consecuencias que produce.


No entiendo, pues, que el gobierno publique con detalle todas las calamidades que produce el tabaco y que, al mismo tiempo, sostenga en la presidencia de la Cámara de Diputados de la Provincia a un señor que no solo hace lobby del tabaco y es portavoz y presidente de sus productores, sino que también hace apología de su consumo, lo cual es para hacérselo mirar.

¿A qué estamos esperando para pedir disculpas? Las ha pedido el Emperador del Japón tras la Segunda Guerra Mundial; las ha pedido el Papa, el rey de Bélgica, y el rey de España está a punto de hacer lo mismo, cada uno de ellos por diferentes hechos históricos que provocaron muerte y sufrimiento a una ingente cantidad de personas. ¿Por qué no nosotros?

Sin embargo, los productores y apologetas del tabaco en Salta están muy lejos de cualquier autocrítica y muy muy lejos de cualquier pedido de disculpas. Parece que no les importa que cada año se produzcan en el mundo más de 8 millones de muertes relacionadas con el hábito de fumar, especialmente tabaco.

Aunque solo sea un gesto simbólico, sería muy bueno para nuestra conciencia moral colectiva que el señor presidente de la Cámara de Diputados de Salta, don Esteban Amat Lacroix renunciara a su cargo, aunque no pidiera disculpas y eligiera seguir presidiendo a los tabacaleros, porque, al final, es eso y no el servicio público lo que motoriza su vida.

Así como el tabaco enferma no solo al que fuma sino al que ha estado expuesto al humo que producen otros, la instituciones enferman cuando quien debe defender la neutralidad y la racionalidad vive como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde; es decir, muestra de día su amable cara «republicana» (y peronista), y por la noche se dedica en su vida privada a ensalzar las virtudes de una actividad económica que ha instaurado en Salta un modelo social esclavista y que ha exportado al mundo —y sigue haciéndolo— la maléfica planta que destruye vidas y que, por ello, los gobiernos se comprometen, con mucha determinación, a erradicar.

Lo hace la mayoría de los gobiernos del mundo; menos el de Salta, que forma parte, muy claramente, del nefasto «team tabaco».

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