En el Libro de Apocalipsis, la guerra en el cielo se libra entre el ejército de ángeles liderados por el arcángel Miguel (no confundir con «las fuerzas del cielo» y su motosierra) y las huestes maléficas lideradas por «el dragón», identificado como el diablo o Satanás, y las Bestias del Apocalipsis, a quienes Nuestro Señor ha expulsado del Cielo.
¿De dónde vienen nuestros «infernales»? ¿De abajo o de arriba?
El Arzobispo de Salta debería convocar a un cónclave urgente para decidir que en la próxima Procesión (que está a la vuelta de la esquina), el lecho de claveles rojos será flanqueado por beatas de la Cofradía de la Virgen de las Lágrimas, acompañadas discretamente por agentes de civil del GOPAR, debidamente camouflados y provistos de armas largas, bien disimuladas en sus ropajes de costaleros.
Siempre será mejor eso que mandar a procesionar a cuatro infernales, enemigos estructurales del arcángel Miguel. En lugar de hacerlos caminar cuadras y cuadras, se recomienda por razones humanitarias mandar a los soldados/gauchos vestidos de rojo a sujetar la soga al Monumento.