Si damos por buenos los estándares estéticos e ideológicos que parecen dominar nuestra política, el señor Marocco, por su edad y por su dilatada trayectoria pública (viene batiendo el parche desde mediados de los años 60 del siglo pasado) debería ser considerado como parte de la «casta».
Pero el Vicegobernador no parece muy dispuesto a dejar los primeros planos de la política, ni con 75 ni con 125. Es -y él lo sabe- una figura incombustible del circo mediático.
La comunicación oficial del gobierno de Salta da cuenta de que el vicegobernador Antonio Oscar Marocco se constituyó en ese carrefour (cruce de caminos) que es la pujante ciudad de General Güemes, en donde dicen que «disertó» pero en realidad pronunció una charla sobre la reforma constitucional de 2021. Recordemos que el señor Marocco fue presidente de la paupérrima convención que reformó (sería más justo decir que «deformó») nuestra Constitución provincial.
En medio del calor de la exposición (que no era solo verbal sino también ambiental) Marocco dijo lo siguiente: «Nuestro rol es el de marcarles el camino a los jóvenes frente a este mundo complejo en el que vivimos y buscar reconciliar a la política con la sociedad».
Por tanto, nada de «pasos al costado», como ha pedido el también veterano Ministro de Seguridad y Justicia del mismo gobierno que integra Marocco, señor don Abel Cornejo Castellanos. La receta del Vicegobernador se puede resumir en una sola palabra: paternalismo.
Según Marocco, los viejos no deben retirarse (ni a tiempo ni después de acabado el partido) sino que su «rol» es el de «marcarles el camino a los jóvenes», como seguramente hizo su padre con él y sus hermanos en los convulsos años 60 y 70, cuando el mundo era -quizá- más complejo que ahora.
En menos de setenta y dos horas, el gobierno ha pasado de pedir la jubilación de la gerontocracia salteña, a subordinar a los jóvenes a los dictados de los más viejos, y todo en nombre de la complejidad del mundo en el que vivimos. Seguramente Marocco se dio cuenta de que este mundo es hostil y complicado cuando le robaron el celular de la mesa del restaurante en el que estaba cenando. ¡Vaya mundo más raro!
Reconciliación
Exactamente al revés que Cornejo, Marocco ha dicho a los güemenses que su misión salvífica en este desgastado valle de lágrimas es la de «reconciliar a la política con la sociedad».Pero antes de acometer una tarea tan gigante como esa, bien haría el Vicegobernador de Salta con intentar reconciliarse con su propia biografía.
Y haría mejor si, de vez en cuando, saliera de su ensimismamiento y se lo viera en alguna foto dialogando con políticos que no comparten la misma visión que él sobre el mundo, la sociedad, la juventud, los restaurantes caros y los teléfonos celulares.
Es decir, lo que primero debería intentar Marocco es reconciliarse con sus opuestos, para luego, sí, buscar un acercamiento de su actividad con la sociedad, de la que parece estar divorciado desde hace tiempo.
El problema no es la distancia entre la política y la sociedad sino entre los políticos y los ciudadanos electores. La política forma parte inescindible de la sociedad, como lo ha hecho siempre.
De lo que se trata es de que los ciudadanos comprendan que los políticos -los que se dedican a esto profesionalmente como el señor Marocco y el señor Cornejo- están a su servicio; pero será difícil convencerlos de una cosa así mostrándoles un ejemplar de la nueva Constitución de Salta, pues su reforma (la que propició Marocco) es la certificación indubitada del encefalograma plano de la política lugareña.
La muerte cerebral no suele distinguir entre jóvenes y viejos. La ignorancia y la estupidez son las cualidades más democráticamente repartidas en este mundo complejo en el que los celulares desaparecen de las mesas en las que se sirven los banquetes gubernamentales.
