Así, mientras don Antonio Marocco descansaba plácidamente después del desgaste físico y emocional que le supuso la recepción en Casa de Gobierno del Embajador de Turquía, sus custodios se echaron al monte para perseguir a unos delincuentes que, aparentemente, estarían vinculados con el robo de una computadora, dinero en efectivo y un maletín, según las primeras investigaciones. Ninguno de los elementos robados tenía nada que ver con Marocco ni con el cargo público que desempeña.
Ante esa situación, Starsky y Hutch decidieron seguir al auto sospechoso y alertar a las fuerzas de seguridad desplegadas en aquella parte de la ciudad, no sin antes comprobar que los delincuentes habían intentado arrojar una bolsa con comida para los fisuras que todavía viven debajo del canal de la Esteco. Otros dicen que aventaron al canal un gato muerto.
Los custodios de Marocco iniciaron entonces una cinematográfica persecución avenida Paraguay abajo, internándose en los resbaladizos y desenripiados caminos del barrio Don Emilio, ubicado en el Sur de la ciudad, en donde el Fiat Siena de color blanco que conducían los sospechosos se estrelló contra otro vehículo estacionado, momento en que, según los cánones hollywoodienses, debería haber intervenido la patrulla motorizada Chips, con el oficial Poncherello a la cabeza.
Pero la detención se produjo gracias a la acción de la Brigada A de Marocco y de agentes normales (uniformados) de la Policía de Salta, que a estas horas trabajan en la reconstrucción del recorrido previo de los sospechosos, no sin antes averiguar si el objeto arrojado al canal corresponde al botín denunciado (o si se trata de un felino décédé) e identificar con precisión dónde se produjo el robo.
A partir de ahora, los delincuentes de Salta no deberán temer tanto a la cercana presencia de los patrulleros, como a los undercover agents de Marocco, que circulan por nuestras calles y canales buchoneando a cuantos ciudadanos ellos consideren sospechoso.
Mecheras, ¡a cuidarse!