Con la ayuda de la Inteligencia Artificial —a la que recurren sin admitirlo los principales medios digitales de Salta— se han reducido apreciablemente las malas construcciones sintácticas, los titulares absurdos, los adjetivos equivocados, los sustantivos chocantes y la pobre ortografía.
La razón no es otra que las elecciones que se avecinan, a las que la frialdad y la pulida asepsia lingüística de ChatGPT no parecen hacerles un gran favor.
Para encarar una elección, los salteños necesitan «roña». Si algo reclama el nombre de «campaña electoral», ese algo debe estar plagado de zancadillas, golpes bajos, lucha libre en el barro, insultos zafios y otras delicadezas.
Por primera vez en mucho tiempo, los medios de comunicación digitales —incluido el nuestro, por supuesto— han tomado partido por alguna de las opciones en liza, lo cual no parece malo de suyo.
Pero mientras algunos intentan mantener el estilo y un contenido compatible con la inteligencia (esperada o calculada) del elector, otros no han dudado en resucitar el panfleto, o, lo que es lo mismo, han convertido a sus publicaciones en un desprolijo muestrario de libelos difamatorios.
El lenguaje agresivo, la permanente denuncia, la infaltable sospecha, la insatisfacción por todo lo que se mueve, las teorías conspirativas y las historias subterráneas (generalmente relatadas con palabrotas y vocablos muy malsonantes), son los recursos de los que echa mano este tipo de sitios, recelosos de la «competencia desleal» de las redes sociales como vehículos de la «roña».
El panfleto político es de muy antigua data. Aun en la refriega, hay un «arte del panfleto» que ha venido madurando a lo largo de los siglos; un arte que los entusiastas comunicadores de Salta demuestran todos los días desconocer, o quizá se empeñan en despreciar.
Se podría perdonar al comunicador que recurre a bajezas porque su nivel cultural o intelectual no le permite alcanzar otras alturas, pero no al que, siendo capaz de comunicar honradamente y sin insultar la inteligencia del lector, rebaja deliberada y calculadamente su escritura para encender la refriega y propiciar la «roña» tan deseada.





