Al mismo tiempo ha aclarado que no piensa abandonar la política y que continuará aportando a la construcción del país y a la continuidad institucional de la Provincia de Salta.
Romero había convocado en principio a los medios para un «informe de labor legislativa», que rápidamente se convirtió en un repaso autolaudatorio de su larguísimo currículum político. A pesar de haber dicho en algún pasaje de su alocución que «no le gusta ser autorreferencial», solo habló de sí mismo.
En el discurso que improvisó esta tarde en el salón Arturo Illia de la Cámara de Senadores del Congreso Nacional, Romero ha dedicado más tiempo a esparcir elogios sobre su tarea como Gobernador de Salta, sobre la aportación de su familia a la política y al periodismo de Salta, y sobre las bondades del gobierno de su padre, más que a hablar de sus veintisiete años como senador nacional.
De su padre ha dicho, por ejemplo, que fue el primer Gobernador de Salta en concluir su mandato constitucional en 50 años de historia. Fue también –conviene recordarlo– el primer candidato peronista a la Gobernación de Salta de la historia derrotado en unas elecciones populares (1991). Roberto Romero fue vencido en aquella oportunidad por el que fuera último gobernador de facto de la Provincia.
En otro pasaje de su discurso, Romero adjudicó la paternidad de la Constitución de Salta de 1986, olvidando que la convención que la sancionó estaba conformada por representantes de varios sectores políticos muy diferentes.
Embargado por la emoción, Romero no ha dejado pasar la ocasión para cargar contra los gobiernos kirchneristas que, a su juicio, han impuesto a los senadores condiciones draconianas de labor.
En su discurso de despedida, el senador salteño tampoco ha querido revelar a qué candidato o fuerza política apoyará en las próximas elecciones legislativas federales de su provincia, o si tiene intenciones de presentar en 2027 –con casi 77 años– su candidatura a Gobernador de la Provincia.





