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  • La ilusión de liderazgo de encargo
  • No tengo nada contra los líderes. Me caen simpáticos, aunque sea yo uno de esos lobos solitarios (viejos amargos y cascarrabias) que se resisten empecinadamente a ser «liderados» por nadie.
Miguel Nina y Roberto Dib Ashur flanquean a una diplomada
Miguel Nina y Roberto Dib Ashur flanquean a una diplomada

No creo, en realidad, que en Salta o en la Argentina hagan falta «líderes»; pero si no hubiera más remedio que aceptar esta fatalidad, estoy bien seguro de que preferiría a los líderes naturales por sobre los líderes con diploma de la UNSa (o de cualquier universidad o centro de estudios que se hubiera animado a ejecutar semejante fantasía).



Que haya chicos y chicas que hayan recibido formación de «líderes globales» y que, además, cada uno de ellos tenga un diploma que los certifique, me parece una excelente noticia, sin dudas.

Pero no creo que los «líderes globales titulados» puedan de la noche a la mañana ejercer de líderes y representar al país y a la provincia en una asamblea mundial de líderes.

Se me ocurrió pensar que, mañana mismo, la UNSa, con su probada visión estratégica, puede sacar al mercado la carrera de marcador de punta izquierda, una diplomatura a la que le podría añadir el sustativo «global», para que tenga más empaque e impresione más al personal menos avisado. ¿Y qué tal una carrera de genio?

Y me imaginé también al inventor de la carrera de futbolista en Salta enviándole un burofax a Scaloni para decirle que de acuerdo con la ley provincial 8814, solo puede alinear en la Selección a un marcador de punta izquierda certificado, homologado, matriculado y colegiado, y no al que él elija por sus cualidades futbolísticas.

Los «egresados» ya pueden ir haciendo fila en las puertas de la AFA en la calle Viamonte, para exigir que se les respete el título que con tanto cariño les han proporcionado el rector Nina y el ministro Dib Ashur, que los acredita como pataduras con título.

Lo mismo pasa, con toda seguridad, con el liderazgo. Un líder no es lo mismo que un enfermero, si se me permite esta comparación tan desigual.

Por eso, y hasta que los nuevos diplomados no demuestren sobre el terreno que tienen cualidades para liderar, lo mejor será confiar en los líderes naturales; en los Tagliafico, en los Medina, en los Barco, etc.

Y si la cosa no funciona con los «líderes globales titulados», siempre nos queda el socorrido recurso de crear en Salta un colegio profesional de líderes y lideresas, para que sus autoridades constituidas les corten los pies y las manos a quienes osen usurpar el título de líderes en la sociedad salteña.



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