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  • Literatura gauchesca en los tribunales
  • Como usuario frecuente que soy de las noticias de prensa que habitualmente publica la Corte de Justicia de Salta en el sitio www.justiciasalta.gov.ar, advertí anteayer que, entre accesos carnales y tocamientos de partes íntimas, alguien ha colado un estupendo artículo titulado «La muerte de Güemes», firmado por el ilustre juez de la Corte, don Martín Ignacio Plaza.
Martín Plaza, juez de la Corte de Justicia de Salta presta juramento
Martín Plaza, juez de la Corte de Justicia de Salta presta juramento

He de confesar que, mientras buscaba algún significado «judicial» a tan bellas palabras, me he sentido atrapado por ese relato tan vívido de los últimos momentos del héroe gaucho. Terminé convencido de que la elegancia, sobriedad y altura literaria del escrito del doctor Plaza supera por largas distancias a las novelas folletinescas que en el mismo sitio web ofrecen niños en adopción o que relatan la forma perversa en que los padrastros se cuelan en el virginal lecho de sus hijastras adolescentes, cuando las madres duermen o han salido a trabajar.



Lo que me llama la atención no es tanto que un sitio destinado a publicar a diario noticias de contenido o relevancia judicial (como las ya famosas en el mundo entero «audiencias flexibles y multipropósito») publique un artículo de estas características —que de judicial no tiene nada—, sino más bien que la página de prensa del «Poder Judicial» no acoja, en igualdad de condiciones, escritos literarios o científicos de otros magistrados.

Sinceramente, no imagino al sitio web de los Fiscales Penales de Salta (que también publica información judicial relevante) publicando un relato novelesco sobre la vida agreste y montaraz de Juana Azurduy, pero, como dice el dicho, «comer y rascar, solo es cuestión de empezar».

Tal vez el doctor Plaza —quien comparte nombre de pila con el héroe gaucho— no tenía otro lugar para publicar su magnífico artículo, pero esta es una hipótesis difícil de sostener. Bastaba un solo WhatsApp para que su relato de «La muerte de Güemes» hubiera aparecido firmado por él en otras webs bastante más adecuadas e, incluso, de mayor visibilidad y audiencia.

No quisiera pensar que quien organiza y dirige la página web de la Corte de Justicia de Salta pretenda convertirla en un blog personal de los jueces de la Corte, porque un objetivo como este desvirtuaría no solo la finalidad de la página (que al fin y al cabo sería lo de menos) sino que introduciría una enojosa distinción entre unos jueces y otros, suponiendo que estos tuvieran inclinaciones estéticas o aficiones parecidas.

Pero como la cabra al monte tira, no quiero abandonar este breve comentario sin dejar una muy ligera crítica al artículo del doctor Plaza.

Decir que Güemes «murió» es muy arriesgado en estos tiempos, pues algunos —como el chozno— lo consideran radicalmente ofensivo; una especie de pecado de lesa majestad. El lenguaje políticamente correcto obliga a decir, en cambio, que Güemes ha «pasado a la inmortalidad», más o menos como ciertas sentencias «pasan en autoridad de cosa juzgada».



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