He de confesar que, mientras buscaba algún significado «judicial» a tan bellas palabras, me he sentido atrapado por ese relato tan vívido de los últimos momentos del héroe gaucho. Terminé convencido de que la elegancia, sobriedad y altura literaria del escrito del doctor Plaza supera por largas distancias a las novelas folletinescas que en el mismo sitio web ofrecen niños en adopción o que relatan la forma perversa en que los padrastros se cuelan en el virginal lecho de sus hijastras adolescentes, cuando las madres duermen o han salido a trabajar.
Sinceramente, no imagino al sitio web de los Fiscales Penales de Salta (que también publica información judicial relevante) publicando un relato novelesco sobre la vida agreste y montaraz de Juana Azurduy, pero, como dice el dicho, «comer y rascar, solo es cuestión de empezar».
Tal vez el doctor Plaza —quien comparte nombre de pila con el héroe gaucho— no tenía otro lugar para publicar su magnífico artículo, pero esta es una hipótesis difícil de sostener. Bastaba un solo WhatsApp para que su relato de «La muerte de Güemes» hubiera aparecido firmado por él en otras webs bastante más adecuadas e, incluso, de mayor visibilidad y audiencia.
No quisiera pensar que quien organiza y dirige la página web de la Corte de Justicia de Salta pretenda convertirla en un blog personal de los jueces de la Corte, porque un objetivo como este desvirtuaría no solo la finalidad de la página (que al fin y al cabo sería lo de menos) sino que introduciría una enojosa distinción entre unos jueces y otros, suponiendo que estos tuvieran inclinaciones estéticas o aficiones parecidas.
Pero como la cabra al monte tira, no quiero abandonar este breve comentario sin dejar una muy ligera crítica al artículo del doctor Plaza.
Decir que Güemes «murió» es muy arriesgado en estos tiempos, pues algunos —como el chozno— lo consideran radicalmente ofensivo; una especie de pecado de lesa majestad. El lenguaje políticamente correcto obliga a decir, en cambio, que Güemes ha «pasado a la inmortalidad», más o menos como ciertas sentencias «pasan en autoridad de cosa juzgada».
