En marzo del año pasado, el concejal sorprendió a la parroquia con un proyecto de ordenanza para declarar «ciudadano notable post-mortem» al exgobernador doctor Miguel Ragone, «al cumplirse el cuadragésimo octavo de su desaparición por la última dictadura militar el 11 de marzo de 1976» [sic].
En pocas palabras, Milei es un enemigo patilludo de Güemes que se metió en una cápsula del tiempo y que se trasladó desde 1815 a 2025, sin apenas pasar por el siglo XX.
Según Farquharson, Güemes era un señor preocupado, entre muchas otras cosas, «por los recursos naturales».
El barbudo general no quería por nada del mundo que los realistas se llevaran de aquí el litio, el petróleo, el cobre, la madera, el oro, la plata, el gas, los loros y los carpinchos. Tanto le gustaba a Güemes el monte, que recelaba de las topadoras Caterpillar con las que los malvados realistas arrasaban nuestros bosques nativos, mientras que el gauchaje los mimaba con sus coriáceos «guardamontes».
Así, más que guardián de la frontera Norte, Güemes fue el gran centinela de la biodiversidad salteña. Y uno muy precoz, por lo que se puede ver. Tanto, que la preocupación por el medio ambiente iba a hacer su aparición en el mundo unos 140 años después de su muerte.
Pero hay otras inconsecuencias tan graves como esta.
Los gauchos –que se dicen herederos de la gloria de Güemes y que todos los años ofician de albacea de su legado, a pesar de la mala salud de sus cabalgaduras– son casi todos unos señoritos ultraconservadores, al estilo del diputado Carlos Zapata, que tiene su particular fortín en el aristocrático Club 20 de Febrero de Salta, en cuyas salas hay retratos de gente que gasta unos bigotes igualitos a los suyos y, por ende, a los del Doctor Chapatín.
Si ser «realista» es ser «monárquico», como dice el Diccionario, habría que recordarle a Farquharson que el General Güemes no era lo que se diga un acérrimo partidario del gobierno republicano.
Al contrario, el héroe gaucho, que fue ungido gobernador por las milicias y no por sufragio popular como se nos quiere hacer creer, era partidario de instaurar en Salta y en el resto de las provincias del antiguo Virreinato un gobierno monárquico en la persona de un príncipe inca. Es decir, quería cambiar un imperio por otro.
Así lo ha escrito la prestigiosa historiadora salteña e investigadora del CONICET doña Sara Emilia Mata: «En agosto de 1816, Güemes en una Proclama a los pueblos del Perú se manifestó a favor de la instalación de un gobierno monárquico y a la restitución del Inca, proyecto éste que colisionaba abiertamente con las propuestas de José y Eustaquio Moldes y sus seguidores».
Pero como la de «realista» es una palabra polisémica, se podría decir que la iconografía contemporánea se ocupó pacientemente de convertir a Güemes en un personaje del realismo mágico. En su vida –la vida narrada por sus epígonos contemporáneos– se combinan elementos realistas y fantásticos, de manera que lo extraordinario se presenta como parte natural de la realidad.
En ese aspecto, y solo en ese, Güemes se parece muchísimo a Milei, quien tampoco vacila en fusionar lo real con lo mágico y no ahorra esfuerzos por narrar con naturalidad los eventos fantásticos o sobrenaturales, sin cuestionar su verosimilitud, como si fueran parte del mundo cotidiano.
Si Milei fuese «realista» o «entreguista», como dice Farquharson que es, debería llevarse un poco mejor con España y con el presidente de su Gobierno, del que hace casi un año dijo: «A Pedrito lo tengo match-point». El enfrentamiento de Milei con Pedro Sánchez es mucho más duro que el que pudo haber tenido Güemes con Carlos IV primero y con Fernando VII después.
La conexión escocesa
No son muchos los apellidos escoceses en Salta. Farquharson y Güemes (Wemyss) se cuentan entre esos pocos elegidos.Ambos apellidos tienen raíces gaélicas comunes. Fearchar era un apellido común en la Escocia medieval, que luego fue anglicizado a Farquhar. Más tarde, alrededor del siglo XIV, aparecería el patronímico Farquharson, tan extenso, que hoy llega hasta el nada gaélico el Valle de Lerma.
El apellido Güemes también deriva del gaélico uaimh, que significa «cueva», en referencia a las numerosas cuevas en el litoral marítimo de Firth of Forth, en el área de Wemyss.
Mientras el clan de los Farquharson tiene su asiento en Aberdeenshire (particularmente cerca Braemar e Invercauld), el arraigo territorial de los Wemyss se produce a 140 kilómetros al Sur, en Fife. De hecho, en Salta, «Fife» parece ser todavía el lema de la familia.
No sabemos qué tan bien se habrán llevado los Farquharson y los Wemyss en el medioevo escocés. Lo cierto es que en la Salta del siglo XXI, se llevan como si fuesen hermanos de sangre. Los envuelve el mismo poncho y los abrasa el mismo espíritu montaraz y ladino.