En definitiva si bien podemos afirmar que la realidad es la existencia real y efectiva de algo, depende sustancialmente también de las interpretaciones, sensaciones, ideas, pensamientos, prejuicios, valores… etc., y a grandes rasgos esta realidad conforma la sociedad en la que vivimos.
La “verdad” ya no es el resultado de una serie de pasos lógicos que demuestren una tesis sino la implantación de axiomas en forma abusiva. La verdad se degrada y pierde su valor, y por más real y correcta que parezca una idea o concepto, promovido en forma autoritaria se convierte en algo impostado y/o falso.
En principio el autoritarismo es un ataque a la racionalidad humana, una violación a la libertad de opinión, una falta de respeto al que piensa diferente y fundamentalmente una afrenta al principio de diversidad que debe reinar en todo estado democrático.
El autoritarismo tarde o temprano se constituye en dictadura y toda dictadura lleva al totalitarismo, y es allí donde la vida de las personas corren peligro. Vivimos en un mundo donde los hechos importan y tienen consecuencias. Si repetimos cosas sin molestarnos en comprobar si son ciertas, estamos ayudando a construir un mundo donde mentira y verdad son más fáciles de confundir.
El autoritarismo manipula, tergiversa y desfigura toda realidad para un interés unilateral. Atrae a las personas más simples y poco instruidas, aquellas que no toleran la complejidad, que piensan poco y actúan más en forma instintiva. Los politólogos utilizan el término autoritarismo para describir una forma de gobernar que valora el orden y el control sobre la libertad personal.
Para pensar en nuestra realidad: Decía Jonathan Swift “Si un pueblo se habitúa y se conforma durante largo tiempo a un régimen duro pierde gradualmente la noción misma de libertad”.