Durante su entrevista, la señora Teresa Ovejero Cornejo ha incurrido en un notable «Freudian slip», al utilizar repetidamente la primera persona del plural para dar entender que ha sido ella (y, quizá también, sus colegas de tribunal) la verdadera autora e impulsora de la reforma procesal.
Los legisladores provinciales —al parecer— solo han cumplido el triste papel de muñecos de cartón, al aprobar la iniciativa «ovejerista» a libro cerrado.
En este peculiar contexto, no son los jueces los que con su esfuerzo promueven una mayor calidad sino, al revés: Es la «reforma Ovejero» la que los hace mejores y más justos.
¿Pero están todos los jueces de acuerdo con esta conclusión tan magnánima, tan inmodesta y tan triunfalista?
Es casi un secreto a voces que la «generosidad» de Ovejero (en primera persona, singular o plural) contrasta con la insatisfacción de muchos jueces del orden jurisdiccional penal (y también con la de algunos fiscales) que han visto cómo el intervencionismo regulador de la Corte de Justicia ha hecho trizas lo poco que quedaba de la independencia interna de los órganos judiciales.
Con la «reforma Ovejero» los jueces no solo han perdido el control del proceso penal (en favor del creciente protagonismo de las denominadas «oficinas judiciales», controladas con mano de hierro por la propia Corte de Justicia), sino que las facultades de gobierno de sus propios juzgados han sufrido un importante menoscabo, hasta casi desaparecer.
Todo ello, sin contar —claro está— que la magnánima creación de la señora Ovejero (o de la Corte de Justicia), destinada a mejorar el proceso penal y hacer más felices a los jueces, encuentra su complemento ideal en la iniciativa de reforma de la ley 7138, regulatoria del proceso ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, que permite que este tribunal (también presidido y controlado estrechamente por Ovejero) pueda suspender cautelarmente a jueces y fiscales, aun cuando no haya denuncia en su contra.
Es decir, que cuando estos días leamos en la prensa aquella beatífica frase que reza «a los jueces le estamos dando...», bien haríamos en completarla del siguiente modo: «a los jueces le estamos dando... pero con un caño».

