Fue poeta, ensayista, cuentista, novelista, dramaturgo, periodista, historiador, pedagogo, docente, traductor, biógrafo, filólogo, teósofo, diplomático y político argentino.
Fue descubierto por su único hijo quien le obligó a abandonar a su amante. Más que un hijo un pequeño monstruo, Leopoldo "Polo" Lugones, quien había sido nombrado por el mismo José Felix Uriburu —presidente de facto— como Comisario Inspector de la Policía y fue quien introdujo la picana eléctrica como método de tortura.
Emilia fue llevada por su familia lejos, a Montevideo. Leopoldo Lugones pasó sus últimos años muy triste, demasiado triste para un escritor con tanta vitalidad. Luego de la terrible separación se encerró a escribir. Llegó un momento en que no aguantó más. Antes de suicidarse dejó una carta sobre la mesa. Entre otras cosas decía: "Nada reprocho a nadie. El único responsable soy yo de todos mis actos".
Para Jorge Luis Borges, Lugones fue mucho más que un gran autor. "Decir que ha muerto el primer escritor de nuestra República, decir que ha muerto el escritor de nuestro idioma, es decir la estricta verdad y es decir muy poco".
El mismo Jorge Luis decía que para llegar a ser un mediano y mediocre escritor primero se debe ser un gran lector, y de eso no hay discusión alguna, el tema es el recorrido y la biblioteca. No es lo mismo leer una cosa que otra y menos que el leer mucho te posibilite adquirir el arte, que en parte, se nace.
Dentro de la escritura, no cualquiera que escribe es un poeta, porque eso es otro tema, ya que la musa encargada de infundir la lírica en “un alma” debe saber elegir con mucha cautela y cuidado la esencia y la pasta con que esté hecha. En conclusión, no por mucho madrugar se despierta más temprano y … no por mucho escribir poesía se es poeta.
Pero escribir te da alas, como diría el poeta Augusto Rufino. Podrás ser un colibrí y hasta quizás un cóndor, pero si de volar se trata, no importa quizás la altura sino la emoción de poder elevarte del suelo, esa superficie plagada de anonimato y desesperanza.
Escribir te permite muchas cosas, mínimo es darte una oportunidad de describir la existencia según tu particular y especial mirada. Hay un dicho que reza “la realidad supera cualquier fantasía” y es muy cierto, en la tragicomedia de la vida apenas podemos dibujar una caricatura, pero por más grotesca que fuera es una linterna que abre el entendimiento del gran arcano.
Un historiador para llegar a ser medianamente aceptable debe ser primero un buen escritor, ya que recrea lo pasado, nunca podrá describir lo que realmente pasó, pero sí construirá una posible realidad, buceará en las aguas profundas de los sentires, las motivaciones y los infortunios y describirá los acontecimientos como su imaginación dicte y según la agilidad de su pluma podrá ser o no atrayente. Todo escritor, a la vez, será también un historiador y por más ficción que construya, siempre parte de su existencia y camino se plasmará en el papel sediento de sangre y tinta.
Un guerrero famoso, pedía a los dioses paganos, le permitan tener una muerte digna. Yo opino que no existe tal cosa, todas las muertes son indignas, es la parte trágica de la travesía, no hay final feliz lamentablemente, la muerte te corta a la mitad con la misma crueldad que encierra el filo de su guadaña.
Pero… toda fábula debe tener, para estar completa, una moraleja. No podemos irnos de este mundo sin dejar un mensaje, una pequeña cicatriz en el telar del destino, y esa oportunidad que puede sellar tu inmortalidad, te la da o puede darte… la “escritura”.
¡Una bella oportunidad para no morir para siempre!


