Muchos estudios universitarios definen que esta terrible situación está íntimamente relacionada con el uso de redes sociales. Pero esta realidad no es solamente de Argentina o América Latina, es un fenómeno global y se da al mismo tiempo.
Uno de cada cinco adolescentes se autolesionó alguna vez. Uno de tres niños sufre o sufrió bullying. Uno de cada cuatro sufrió el grooming. Pero hay otra cosa increíble, en los últimos años hubo un negocio que antes redituaba mucho, hoy ya casi no existe. Las jugueterías hace tiempo sólo son visitadas por gente adulta. Los niños no quieren juguetes, tampoco quieren juegos de mesa.
Uno de los recuerdos más bellos que tengo de mi infancia son esas tardes de fin de semana o vacaciones que pasaba entretenido con mis primos jugando al Estanciero o a la canasta en la casa de mi abuela.
Como a nadie le gusta perder, teníamos reglas estrictas con respecto a la forma de jugar y comportarnos, por ejemplo, estaba absolutamente prohibido hacer trampa y más aún, burlarnos o ridiculizar al perdedor era un delito. Jugábamos seriamente y sencillamente, éramos felices, porque jugar en la mesa o al aire libre, al margen de ser una alternativa válida de entretenimiento servía y sirve para la socialización y el crecimiento psíquico. Otras cuestiones importantes al respecto son la capacidad para resolver problemas, controlar y regular emociones y fundamentalmente entender y respetar reglas, normas y leyes.
Lamentablemente hoy los chicos conocen poco o directamente desconocen estas alternativas ya que las actividades sociales se han reducido notablemente y este lugar ha sido ocupado por una actividad lúdica bastante nociva: el videojuego, en su gran mayoría desde el celular.
Estos juegos virtuales son violentos en su gran mayoría, vuelven a los participantes en seres solitarios, poco comunicativos, estresados, al margen de producir grados de adicción que perjudican la salud y el desarrollo psíquico. Una actividad que los puede tener hasta ocho horas sentados frente a una pantalla, oprimiendo los controles nerviosamente, con movimientos oculares vertiginosos y contorsionando su cuerpo en el sentido en que se mueven las figuras. Todo esto ocasiona sedentarismo, sumado a los malos hábitos alimenticios han elevado a un 35% los índices de obesidad entre la población de 5 a 17 años, según la Organización Mundial de la Salud.
Hay otra cuestión, la cultura neoliberal ha instaurado un concepto engañoso y perjudicial “lo ilimitado” que encierra variables en los niños y jóvenes que se suman y alteran sin duda el cerebro en crecimiento. El Internet, las redes, los juegos, TikTok y la mar en coche, funcionan 24/7 y esto apareja el hecho que se duerme menos. Según estadísticas de la OMS los niños y jóvenes están durmiendo y descansando en un 30% menos que hace 20 años atrás y esto acarrea que los individuos sean más irritables, mucho más impulsivos y se sientan más vulnerables a los problemas que deban enfrentar.
Pero la cuestión del teléfono y las redes no es un problema solo de chicos, los grandes estamos sumamente afectados también por este tema. Los seres humanos han perdido en estos años por culpa del aparatito su capacidad de atención y concentración y lo peor de todo, la capacidad más importante del cerebro: “PENSAR”. Lamentablemente estamos entrenando a nuestro mecanismo racional para lo fácil, lo breve, lo inmediato. Y esto es más que evidente en el mundo de hoy, los chicos, sin importar si de educación pública o privada… han caído en sus capacidades de razonamiento abstracto, en reconocimiento y resolución de problemas, y por supuesto, en la disminución de la riqueza verbal.
Al parecer la solución no es tan complicada, hace unos años los países más avanzados habían digitalizado la enseñanza y los resultados fueron catastróficos, pero hoy la tendencia a cambiado en formaba abrupta. Más de diez países que habían adoptado este sistema revirtieron la estrategia. Se prohibió no solo la presencia de los aparatos en las escuelas y colegios sino también la posibilidad de que los chicos usen celulares por lo menos hasta los 16 años. Y los resultados son contundentes, los estudiantes mejoraron en sus notas y también en la disciplina.
Pero en la educación no solo basta prohibir las pantallas y la virtualidad, es prioritario tres cuestiones fundamentales para frenar la intolerancia, la descalificación y la terrible falta de orden y que todo se resume en el concepto de “violencia”.
Los expertos en esta materia en el mundo han trabajado en tres estadios de prevención contra la violencia.
En primer lugar, debemos entender, que la violencia no es específica de la educación, en realidad la escuela es sólo un reflejo, un resultante de la violencia del exterior. La violencia es SOCIAL y se infiltra en la educación, repercute en el ella y se desarrolla de forma particular. La problemática es de salud mental y debe entenderse desde este punto. La estrategia educativa debe trabajar entonces con las herramientas adecuadas.
Tres niveles entonces:
1) LA EMERGENCIA: trabajar sobre lo ya instalado, en este sentido la “paz activa” es fundamental, con talleres en las escuelas que brinden espacios de diálogo y aprendizaje donde los estudiantes exploran los principios de la cultura de paz a través de dinámicas participativas. Estas actividades buscan desarrollar habilidades como la escucha tolerante, la resolución pacífica de conflictos y el respeto por la diversidad. Y dentro de estas posibilidades acompañar con:
a. Implementación en contextos diversos: Las escuelas participantes, al operar en contextos socioeconómicos y culturales variados, pueden requerir enfoques diferenciados para garantizar que las actividades sean relevantes y efectivas.
b. Formación docente: Como lo demuestran experiencias internacionales, la capacitación de los docentes es fundamental para el éxito de los programas de educación para la paz. El proyecto deberá garantizar que los educadores estén preparados para facilitar los talleres y abordar situaciones complejas de convivencia.
c. Sostenibilidad: Para que el impacto de la acción sea duradera, es necesario establecer mecanismos de continuidad, como la integración de la Cultura de Paz en los currículos escolares o la creación de Consejos de Aula permanentes.
2) LA ARTICULACIÓN CON LA SOCIEDAD: la relación entre la escuela y la familia - la sociedad ha sufrido en los últimos años un notable deterioro. Si bien los establecimientos educativos implementaron programas y protocolos de convivencia los resultados son magros, al margen que se ha obviado la sistematización de los resultados. También es fundamental para lograr la participación comunitaria realizar ferias de ciencia y de arte buscando involucrar a la comunidad, el proyecto debe garantizar una comunicación activa con las familias y otras organizaciones locales para maximizar su alcance.
3) CAMBIO RADICAL SOCIO-CULTURA EN LA EDUCACIÓN: Hoy contamos con una ley que garantiza la educación sobre el Patrimonio Cultural Inmaterial en todas sus facetas y en todos los niveles del sistema educativo, pero no se implementa efectivamente. Debemos entender que la enseñanza de la ENDOCULTURA permitirá que los niños y jóvenes conozcan las raíces de nuestra esencia, pudiendo así valorarlas. Consideramos que la construcción de la Paz pasa por el reconocimiento de las individualidades, la generación de espacios donde esas individualidades puedan expresase, el desarrollo de la identidad y el sentido de pertenencia. El Patrimonio Cultural en la escuela es un aporte al rescate y defensa de la cultura local, regional y nacional. Sus contenidos contemplan la formación en un espíritu crítico. Pero más allá de eso, se vincula al niño con sus raíces, fortalece sus lazos con el entorno y la construcción de la percepción de sí mismo como parte de un entramado social.
Para concluir, la educación es la base para empezar a dar respuesta a este flagelo. Hay que enfocarnos en acciones que estimulen los niveles más altos de la pirámide como el reconocimiento y la autorrealización. Es un proceso global de la sociedad, una herramienta básica de creación y regeneración de la cultura. La cultura es el modo de pensar y operar, lo cual permite que las personas nos situemos activa y críticamente en el mundo, vivamos en él y lo construyamos a nuestra humana medida.
Es necesario regular y poner un límite a la parafernalia de calamidades que estamos viviendo con nuestra juventud. Debemos hacer frente a esta realidad promoviendo el diálogo intercultural y la cooperación de todos los sectores de la sociedad.
Un proyecto por una cultura de paz representa un paso significativo hacia la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y democrática. En un contexto global donde los conflictos y la polarización persisten, el ideal de la PAZ es un proceso continuo de diálogo, respeto y solidaridad, en esencia, un acto de esperanza.

