Se puede observar a simple vista y con un superficial análisis que el mundo del "ser eurocéntrico" reviste desde tiempos inmemoriales una doble moral, entendida como "decir una cosa y hacer otra" y aparentemente esto sería una señal de incoherencia o inconsistencia, pero no es así, porque justamente la falta de transparencia con que se mueve la pretendida civilización es su más acabada definición.
En un devenir mas o menos complejo, cuanto mayor es el "doble discurso" mayor será la dificultad para llegar a la verdad en el decir.
También estarán relacionadas las desigualdades tanto civiles como económicas. Las relaciones entre sectores y actores de una sociedad se debatirán entre el formato de una estructura de poder y la significancia de la realidad cotidiana. Por esta razón siempre existen dos historias, una que es cómplice del relato de poder y otra que busca ser coherente con los hechos.
Así como después de las dos grandes guerras los idealismos humanos se cayeron en pedazos, una sociedad rígida y represora que buscaba insertar en cada alma un "super-yo" estabilizador, así también, a partir de los 70 las democracias capitalistas empezaron a perder su capacidad de estado de bienestar.
Y es ahí donde aparece en la escena el “neoliberalismo” secuestrando toda capacidad de rebeldía y cambio social, para ello genera pequeñas revoluciones aisladas para descomprimir la desigualdad social y la lucha de clases y lanza al ruedo, por ejemplo, la revolución de la mujer, de las comunidades homosexuales, la reivindicación de las culturas originarias oprimidas y negadas, las cuestiones raciales y cualquier aspecto que haga a las minorías victimizadas de antaño.
Pero hoy nada está mejor, ni las mujeres, ni las comunidades homosexuales, ni los indígenas... ni ninguna pretendida reivindicación, ya que el sistema solo pretende descomprimir y no mejorar nada, ni a nadie.
El neoliberalismo sólo busca ponerle precio a todo y mostrarnos que los viejos valores como el honor, la familia, el trabajo, la patria etc. son obsoletos. Otra escala entra en vigencia: el éxito, los negocios, las ganancias, la ambición, la superación a pesar de otros, el deseo de tener, y así consumir deseos y desear consumos. Todo motorizado por el gran dios llamado “mercado”.
Todo esto trae consecuencias y cambios. Las estructuras sociales sufren ciertas mutaciones en el devenir caótico de la trans-modernidad. Muchos esquemas se derrumban calamitosamente, los antiguos pilares institucionales de la sociedad hoy son sólo cascaras vacías: Los partidos políticos, las instituciones religiosas, los gremios, los sistemas judiciales, las corporaciones, la patria y la mar en coche, todos en franca decandencia.
La herida se abre y muestra obscenamente la podredumbre y la infección. Ya podemos observar el lado oscuro del humanismo que pretendía ser el pandemonio de la cultura universal y no pasó de ser explotación y colonización del más débil por el más fuerte.
Ya no se puede ocultar la hipocresía, hoy nos enteramos de que los próceres de bronce no eran tan santos, que los mitos patrios no son más que mitos… Se caen las estatuas y los mármoles, se desenmascara la historia hecha por los que ganan, esa historia oficial que tiene más de oficial que de historia.
Se escuchan a lo lejos las voces de los oprimidos, de las mujeres golpeadas y asesinadas, de los indígenas reducidos… pero lamentablemente hay otras voces más fuertes y peligrosas. Los gritos de los desilusionados, de los resentidos, de los estúpidos.
Una contraofensiva reaccionaria y fascista asola desde los mismos resumideros. Son los cínicos morales que desprecian los derechos humanos, la democracia, el bien común y todos los antiguos consensos que marcaron un avance en la humanidad.
Defienden libertades individuales sólo vinculadas al mercado, liberalismo autoritario, neo-nazismo, fundamentalismo y toda opería violenta que se nos ocurra.
Este fenómeno universal sólo se puede dar por la caída de los valores y un campo moral arrasado donde el nuevo cinismo moral crece fecundo y próspero.
Si bien toda esta movida mundial está llena de contradicciones ya que algunos son nacionalistas y otros internacionalistas, algo los caracteriza de sobremanera, sus posturas tanto políticas como culturales son radicales, se mueven con insultos, teorías conspirativas, delirios pseudocientíficos y agresión hacia los adversarios que se constituyen en los “enemigos” de los hombres de bien.
Esto estamos viviendo y está comprobado que pensar es muy peligroso para el fascismo, por lo que se torna imprescindible resistir y actuar, para poder cambiar el rumbo de la historia.