Que Lola mole quiere decir que nos encanta; que Lola es molona, que es lo mismo que decir maja, chula o guay (para los hispanos), piola (para los porteños) y chura (para los salteños).
Ayer también, con ocasión de la celebración del Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas, instituido precisamente en recuerdo de la inolvidable artista salteña, el diario Página 12 publicó un artículo homenaje que, con la firma de don Facundo Sinatra Soukoyan -la Voz- recoge recuerdos y precisiones históricas sobre Lola Mora recopilados por el docente e investigador salteño don Antonio Sorich.
Buena parte de este artículo está dedicada a desmontar el mito de que Lola nació en la Provincia de Tucumán. La discusión es tan bizantina como la que se produce, de tanto en tanto, acerca del lugar de nacimiento de Carlos Gardel, el del General Martín Miguel de Güemes, o más cerca en el espacio, la disputa entre salteños y tucumanos por la presencia de la papa en las empanadas, que ganan los salteños pero que los tocomanos intentan empatar con la indisputada excelsitud de sus sandwichs de milanesa.
Lola Mora no solo fue la primera escultora latinoamericana. Fue la primera artista mujer en abrirse paso en un mundo casi exclusivamente masculino: el de la creatividad, la innovación y el progreso.
El artículo de Sinatra relata que la pequeña Dolores, nacida en la bravía localidad fronteriza de El Tala (cuna de Marcos Tames) fue enviada a Tucumán como pupila en un colegio cuando contaba con solo 6 años de edad. Allí, la figura del pintor y dibujante italiano radicado en Tucumán, Santiago Falcucci, su primer maestro, será determinante para su vida adulta.
Dice Antonio Sorich que Lola -la que mola- no solo fue escultura sino que también fue inventora. Por ejemplo, inventó una máquina de cine para ver a plena luz del día. El proyecto proyecteril de Lola habría condenado a la obsolescencia la vieja frase metanense de proyectalo sobre una sábana blanca.
También trabajó sobre un prototipo de automóvil a vapor, que de haber prosperado habría hecho inútiles y poco rentables las actuales explotaciones de litio en la puna salteña. Sorich nos dice que pudo acceder a los planos de aquel coche a vapor gracias a los descendientes del segundo matrimonio del esposo de Lola.
Lola Mora también fue contratista en el tendido de vías del ferrocarril trasandino, el famoso Ramal C14, por el que circula (cuando circula) el todavía más famoso Tren a las Nubes.
Además fue urbanista, ya que, instalada en Jujuy, intervino activamente en el diseño de la ciudad capital de la Provincia. Lola trabajó sobre el trazado de las calles haciendo propuestas e indicaciones al Gobernador de la Provincia, sugiriéndole cómo quedarían mejor. La que fue Intendenta Municipal de Salta entre 2019 y 2023, pudiendo haber seguido el ejemplo de nuestra Lola Mora, prefirió llevarle los planos de la Plaza 9 de Julio al Arzobispo de Salta, que no es Michelangelo, precisamente, y, además, es catamarqueño.
En el documental del cineasta salteño Alejandro Arroz, llamado “La otra Lola Mora”, se relata: “A los 58 años regresa Lola Mora a Salta con la convicción de que en el suelo salteño dormía una gigantesca riqueza que la moviliza a explorar numerosas minas. Lola planea extraer petróleo a partir de los esquistos bituminosos que en todo el mundo son valorados como una reserva futura, y para ello, se instala en una finca en Rosario de la Frontera, Salta”.
Retirada del arte, Lola Mora se estableció en finca Las Bateas, cerro de Las Termas, en Rosario de la Frontera, con la idea de desarrollar un proyecto minero.
Según el profesor Sorich, Carlos Maita, historiador rosarino, comenta: “Puntualmente, doña Lola Mora buscaba destilar los esquistos bituminosos, petróleo fósil de la formación Yacoraite, de una antigüedad de 65 millones de años, los cuales afloraban en la zona. La intención era extraer de ellos aceites lubricantes”. Para esta tarea comenzó la construcción de grandes hornos de los cuales hoy persisten algunas paredes levantadas en un terreno en ruinas.
Con estos pergaminos, que acreditan unas inquietudes creativas bastante poco frecuentes para las mujeres de su época (y casi de todas las épocas), poco importa en realidad si Lola Mora nació en El Tala o en la vecina Trancas. A Lola -la que mola- solo le faltó dibujar al hombre (o a la mujer) de Vitruvio para emular al gran Leonardo y convertirse así en una mujer del Renacimiento entre los siglos XIX y XX.