A mi juicio, sin embargo, el presidente estadounidense ha hecho una cosa muy mala —mucho peor que las anteriores— que es destruir la imagen romántica de los resistentes a las tiranías.
Cientos de películas y de libros recrean el calvario de los resistentes franceses entre junio de 1940 y agosto de 1944. Recomiendo a los amantes de las series una que se llama Un village français (Netflix, Amazon Prime Video, Apple TV y France.tv). Si Donald Trump hubiera comandado aquellas operaciones de desembarco en Normandía, esta es la hora que el Mariscal Pétain seguiría gobernando Francia con esos bigotazos (muy diferentes a los de Maduro, por cierto).
El actual presidente estadounidense no solo ha rebajado la imagen idílica de María Corina Machado, sino que automáticamente también ha embarrado la figura de otros grandes de la historia como Nelson Mandela, el Mahatma Gandhi, Jean Moulin o Sophie Scholl y, sobre todo, se ha llevado por delante la dignidad de las millones de víctimas de los regímenes tiránicos y totalitarios del siglo XX.
Si María Corina Machado «no goza de respeto», ¿quién entonces?
El problema es que, en democracia, el «respeto» lo decide el voto libre de los interesados (un voto que en Venezuela ya se ha producido), no la percepción sesgada y unilateral de un gobernante hinchado de soberbia, por mucho que le haya tocado en suerte liderar al país más influyente del mundo.
